Los mejores libros que leí en 2011

El año casi se va y no creo que haya muchas nuevas entradas sobre libros en lo que resta del año. Dicho esto, les dejo mi top ten de libros que leí o releí este año, por si les sirve para su lista de regalos (no está ordenado en orden de importancia).

Mujeres – Charles Bukowski. Soledad, sinsentido, la realidad kafkiana reducida a alcohol y sexo porque en ningún otro lugar es posible encontrarse a sí mismo. Mailer una vez apuntó, parafraseando, que el hombre solamente puede encontrarse a sí mismo en medio de una borrachera.

Las nieves del Kilimanjaro – Ernest Hemingway. Hemingway, el maestro del relato corto, muestra en este libro lo mejor de su capacidad narrativa. Aunque el libro, al menos en México, no se edita desde hace tiempo, aún es posible conseguirlo en librerías de viejo.

Momentos estelares de la Humanidad – Stefan Zweig. El abanico de emociones que nos entusiasman se relaciona a las actualizaciones en la marquesina del cine, o a un aumento salarial. Pero no siempre fue así. Hubo otro mundo, un mundo que ha perecido, pero en el que el hombre deseaba otras cosas. Stefan Zweig recoge en este libro eventos de la historia donde la imaginación y la voluntad transformaron la historia.

El grado cero de la escritura – Roland Barthes. ¿Está la literatura en un callejón sin salida? En este ensayo de los 60’s, Barthes se plantea, a través de una introducción a la historia de la escritura, el escenario y las paradojas que enfrenta el acto de escribir.

Girl with curious hair – David Foster Wallace. Foster Wallace tiene un don para hablar de la vida y dejar sus cuentos con ese sentimiento de insatisfacción, no por el texto, sino por el subtexto, algo inacabado se sostiene en las páginas y en las historias, como si cada texto no fuera sino la introducción a algo mucho más grande, un gran prólogo al vacío que nos puede hacer caer. Altamente recomendable.

Papeles falsos – Valeria Luiselli. Vivian Abenshushan apunta en una reseña: En Papeles Falsos hay una serie de travesías, de recorridos implícitos por ciudades y banquetas, pero también de incursiones en el lenguaje y en las lenguas, viajes alrededor del propio rostro. Luiselli: es preciso hacer la vida en otros cuartos. Este es uno de esos libros que se convierte en hotel de paso, habitación para mirarse desde otro espejo.

Desencuentros – Luis Sepúlveda. En los personajes que retrata Sepúlveda siempre está ese momento de tensión, aquel punto de inflexión en el que los protagonistas se ven forzados a cruzar el Rubicón, punto de no retorno donde las cosas ya no serán lo que eran. Excelente libro de este escritor chileno.

Roberto Bolaño – El gaucho insufrible. Cinco cuentos y dos conferencias, que componen este libro. Considero a Carver y a Bolaño como dos de los mejores cuentistas contemporáneos. En el caso del cuento El gaucho insufrible, es una relectura del cuento El Sur de Borges, donde Manuel Pereda sale de Buenos Aires por la crisis económica y escapando de la rutina y las ”vagas promesas inspiradas en un tango y en la letra del himno nacional”.

Ciudad de cristal – Paul Auster. El libro parte de la premisa siguiente: Daniel Quinn, un poeta retirado que , tras la muerte de su mujer e hijo, escribe novelas policiacas bajo pseudónimo. Un día recibe una llamada buscando a un detective llamado Paul Auster. Seducido por la idea de encarnar al propio Max Work, el personaje de sus novelas, decide hacerse pasar por Auster y se convierte en detective, siendo su labor vigilar a un tal Peter Stillman. El libro ofrece al menos tres niveles de lectura fascinantes. Un libro que ofrece un juego de espejos bastante entretenido para el lector.

El amor la soledad – André Comte-Sponville. ¡No nos imaginemos un cierto amor que sería extraordinario en oposición a otros que no lo serían! El amor mismo es extraordinario, todo amor, aunque se trate -como casi siempre- de amores ordinarios. Yo sólo quería decir que nada es importante, nada tiene valor si no es por el amor que en ello se deposita o que allí se puede hallar. (…) El hecho es que desconfío de esta tendencia, en muchos, a sobrevalorar la sexualidad, a hacer de ella no sé qué especie de éxtasis, no sé qué especie de puerta abierta al absoluto, como si el universo entero estuviera a tiro de orgasmo. Es demasiado orgullo. Nuestros placeres son más ordinarios; nuestros abismos, más mediocres. No necesito decir más.

Como bonus, el poema 664-8630 de Suzanne Lummis. Estupendo.

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