Papeles falsos – Valeria Luiselli

¿Cómo reseñar Papeles Falsos y sus ideas en un post? El lenguaje no es suficiente para explorar todos los ecos que generan sus páginas. Aquí una aproximación.

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Diez. Diría Hugo Hiriart, la razón principal del ensayo es no aburrir, y Valeria lo logra a partir de sus andanzas: podría decirse que es una comentarista de la vida cotidiana, aderezada con toques  literarios en torno a los más diversos temas, i.e., la nostalgia, las habitaciones, la bicicleta, la ciudadanía.

Su editorial pone a prueba del lector el primer capítulo para anticipar de lo que es capaz la autora: re-significar nuestras correrías por la ciudad, y ajustar a cada paso un ejercicio de pensamiento: la reflexión sobre uno mismo y su relación con el mundo. Acto harto complicado si retomamos lo que la misma Luiselli apunta: hoy en día (…) en nuestras casas, sobre todo si vivimos solos, nos acecha el imperio expansivo de Google y, a través de éste, la encrucijada de las compañías fantasmagóricas de todos nuestros conocidos lejanos. No sabemos estar con nosotros mismos.

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Para dar la dimensión exacta a esta reseña habría que hablar de cada ensayo. Si se acude a Luvina 62 (Cinema Metrópoli) hay por parte de Vivian Abenshushan una reseña que apunta: En Papeles Falsos hay una serie de travesías, de recorridos implícitos por ciudades y banquetas, pero también de incursiones en el lenguaje y en las lenguas, viajes alrededor del propio rostro. Luiselli: es preciso hacer la vida en otros cuartos. Este es uno de esos libros que se convierte en hotel de paso, habitación para mirarse desde otro espejo. La idea no es original: Luiselli cita a Brodsky con el mismo ejemplo para hablar de la identidad. Identidad que depende siempre del espacio en el que se desenvuelve el individuo.

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Tal vez tenga dos ensayos favoritos en este libro.

1. Dos calles y una banqueta.

Lo complicado del lenguaje y la manera en que sirve de vehículo para la relación del hombre con el mundo, orilla las relaciones interculturales a puntos donde existen términos intraducibles entre lenguas. Saudade: la saudade es presencia de una ausencia: una punzada en un miembro fantasma; una grieta en Iztapalapa; los ríos y lagos de la Ciudad de México; un hoyo en un jardín.

Y continúa:

La nostalgia no es siempre nostalgia de un pretérito. Existen lugares que nos producen nostalgia por adelantado. Lugares que dabemos perdidos en cuanto los encontramos; lugares en donde nos sabemos más felices de lo que jamás seremos después.

Auch.

2. Paraíso en obras.

El lenguaje es para Luiselli un generador de vacíos:

Aficionados al mito del paraíso adánico, quisiéramos creer que los nombres de las cosas son exactos y necesarios, que hay una palabra en el núcleo de cada cosa y que pronunciarla equivale a develar -o incluso a inventar- la esencia misma del objeto. (…) Más que una reminiscencia del paraíso, aprender un idioma es un primer destierro, exilio involuntario y mudo hacia el interior de esa nada en el corazón de todo lo que nombramos. (…) Aprender a hablar es darse cuenta, poco a poco, de que no podemos decir nada sobre nada.

El lenguaje no es suficiente. Y me adelanto un poco a la idea de otro de los ensayos: si el lenguaje es insuficiente, el papel de la escritura no es dar mayor claridad, sino distribuir silencios y vacíos. Hacerle hueco a la lectura.

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Por los tiempos que corren, tiene una mención especial tiene este otro ensayo, expuesto en este mismo blog.

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El libro lo encontré en Gandhi, y es una adquisición que se va al estante de consulta recurrente. Pese a su edad (28) Luiselli sorprende con este primer libro de manera grata. Habrá que seguir atentos el transcurrir de su bibliografía.

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