Contra la originalidad – Jonathan Lethem

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contra la originalidadTumbona Ediciones, en su apartado de Versus -fascículos de ensayos cortos en los que se debaten temas polémicos- dedica un título Contra la originalidad, la idea del copyright y la demonización contra la apropiación. No hay que ir tan atrás en el ámbito literario mexicano para encontrar recientes ejemplos de la cacería de brujas en la que se ha convertido “encontrar citas al cuadrado”: recordemos el round de Guillermo Sheridan y Gabriel Zaid desde Letras Libres contra Sealtiel Alatriste, o bien, la polémica desatada por los plagios en la obra periodística de Alfredo Bryce Echenique cuando se le reconoció como el ganador del premio FIL 2012 (siendo otro escritor ahora, Juan Villoro, de los principales detractores a este hecho).

Lethem adopta la postura de Thomas Jefferson:

Aquel que recibe una idea de mí, recibe instrucción sin apocar la mía; así como quien enciende su mecha con la mía, recibe luz sin oscurecerme

Y con esta idea, defiende la noción de que la cultura es un valor humano que permite hacer más grande al mundo, mientras que los derechos de copyright lo achican, estableciendo monopolios y usufructos en favor de unos cuantos. La apropiación siempre ha jugado un papel importante en la cultura: desde las variaciones y covers en la música, hasta los homenajes y recreaciones de los arquetipos fundamentales planteados por los griegos. Desde la Grecia clásica hemos pasado siglos repitiéndonos, pero la cultura mercantil del siglo XX ha logrado establecer censuras y trabas al ciclo del arte.

La mayoría de los artistas llega a su vocación cuando sus propios dones nacientes son animados por el trabajo de un maestro. Es decir, casi todos los artistas se convierten al arte por el arte mismo. (…) La invención, debemos aceptarlo humildemente, no consiste en crear algo de la nada sino a partir del caos.

Los ejemplos que Lethem pone sobre la mesa son diversos: desde la música de Bob Dylan, las historias de Disneyland rescatadas de cuentos y tradiciones populares, hasta el poema Tierra Baldía de T. S. Eliot, el cual es “una vertiginosa mélange de citas, alusiones y escritura “original” que alude al Protalamión de Edmund Spenser”.

Para Lethem, es deber del artista organizar y reapropiarse de los signos que conforman el mundo para decir lo mismo, pero diferente. El plagio imperial, es decir, el equipo de abogados y trabas legales que han coartado la libertad de la cultura se han convertido en un nuevo tipo de censura, el fascismo de los intereses económicos y las regalías.

El objetivo principal del copyright no es recompensar la labor de los autores sino promover el progreso de las ciencias y las artes útiles. Para este fin, el copyright le garantiza a los autores derechos sobre sus expresiones originales, pero invita a los demás a construir libremente basándose en las ideas y la información transmitida en la obra. Este resultado no es ni injusto ni desafortunado. El copyright contemporáneo, las marcas registradas y la ley de patentes están, hoy en día, corrompidas.

La premisa fundamental es clara: todas las ideas son de segunda mano, ya sea porque el topus urano existe y un autor es todos los autores, o porque las citas se cuelan voluntaria o involuntariamente en el arte. ¿La alternativa? Cultura al estilo Open Source, donde los valores de reapropiación están abiertos para que los usuarios/lectores/sociedad creen nuevas formas culturales a partir de estos. En cierto sentido, esto ya existe a partir de mecanismos como Creative Commons o el Fanart, temas que no aborda Lethem pero que complementan su visión al respecto.

Finalmente, la intención argumental del ensayo se complementa con la estética del mismo: al llegar al final uno se da cuenta que el texto está lleno de plagios y apropiaciones -citadas, que sin duda reducen el impacto del juego- alrededor de los temas abordados. Para revisar parte del ensayo, pueden hacerlo aquí.

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