Antología poética – Jaime Gil de Biedma

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 antologia poetica gil de biedmaNo me detendré en la biografía del autor, salvo un par de detalles: Gil de Biedma es uno de los poetas catalanes y de la Generación del 50 que goza de mayor difusión y lectura en nuestros tiempos. Su herencia, como escribiera Javier Alfaya en el prólogo de la edición que ahora comentamos, se encuentra en el origen de la poesía de la experiencia, concepto que él mismo introdujo y que deviene de la vida misma –valdría la pena anotar que la poesía nace de los sentimientos primarios del hombre: el amor, el deseo, la belleza, la nostalgia, la melancolía, etcétera, y, en el caso de Biedma, la nostalgia se convierte en su motor principal. Pablo Neruda diría: no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, corazón mío, son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo. Además de esto, fue traductor de T. S. Eliot, y en su momento publicó un ensayo sobre este poeta titulado Función de la poesía y función de la crítica, cuya reedición habla el previo link.

Los grandes temas de la poesía de Gil de Biedma son muy tradicionales: el amor, la amistad, el paso del tiempo y, durante un cierto tiempo, la crítica socio-política.

El tiempo y las cosas que se han perdido, ¿no son la peor tragedia? Tragedia porque somos capaces de recordarlas, traerlas al presente con el dolor que implica la presencia de los fantasmas. Nostalgia. Sin embargo, no es en el efecto de su poesía donde me quiero detener. Recientemente se publicó en este espacio sobre la originalidad, esa absurda idea que a fuerza de cabildeos y billetazos se ha integrado en el imaginario colectivo como un derecho moral y económico en los procesos creativos. En el caso de Biedma, la influencia de T. S. Eliot es notable:

Un poema como The Love Song of J. Alfred Prufrock, de T. S. Eliot, que, en la estela de los largos monólogos dramáticos de Browning, utiliza una absoluta libertad de lenguaje, y en el que lo real inmediato, incluso en sus manifestaciones más deprimentes y sórdidas, y la reflexión filosófica se dan la mano, debió de deslumbrar a Jaime Gil. Por contra, la poesía española debía sonarle excesivamente encorsetada.

Veamos, a continuación, un fragmento del poema:

LET us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherized upon a table;
Let us go, through certain half-deserted streets,
The muttering retreats
Of restless nights in one-night cheap hotels
And sawdust restaurants with oyster-shells:
Streets that follow like a tedious argument
Of insidious intent
To lead you to an overwhelming question…
Oh, do not ask, “What is it?”
Let us go and make our visit.

La traducción al español de José Luis Rivas (UAM, 1990):

Vayamos pues, tú y yo,
cuando la tarde yazca sobre el cielo
tal paciente en la mesa dormido por el éter;
vayámonos por ciertas calles medio desiertas,
murmurantes retiros
de inquietas noches en hoteles baratos de una noche
y fondas de serrín y conchas de ostras,
calles que se prolongan como un aburrido argumento
de intención insidiosa
que te encamina a una pregunta abrumadora…
Oh, no preguntes “¿Cuál?”
y vayamos a hacer nuestra visita.

Y estos versos de Jaime Gil de Biedma:

Recuerdos de vosotras, sobre todo,
o noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!

Un verso es suficiente para regresar a la nota de Alfaya sobre el impacto de la poesía de T. S. Eliot en Biedma. Un poeta es todos los poetas, así como un poema es sólo el fragmento de un solo canto –John Donne ya nos había hablado de esto. La dimensión social de su poesía es un tema que se puede analizar en otro momento, pero sin duda el principal acierto de Biedma es compartir la derrota ante la transitoriedad de la vida.

Así como Gabriel Ferrater encontró la muerte por su propia mano a los 50 años, Gil de Biedma, a la edad de 46, pensando tal vez que no había nada más que decir, nada más de lo que arrepentirse, decidió dejar de escribir poesía, justo tres años después de la muerte de Gabriel.

Dejo, a continuación, mi propia selección de poemas favoritos de Biedma:

Para una antología más completa, den click aquí.

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