Criando ratas, cine quinqui independiente

La premisa de ‘Criando ratas’ es conocida: un dealer está en problemas con un capo por su adicción a su propia mercancía. Desesperado, se embarca en un viaje a la noche para conseguir el dinero que debe. La película transcurre en lo que se llama la banlieue, esto es, los suburbios marginales en los que el trasiego de droga y la violencia son moneda corriente.

El interés en el filme, disponible en Youtube y ahora con casi dos millones de vistas, se desató por la historia de su producción: le tomó seis años a Carlos Salado filmar este primer largometraje, una mezcla de cine amateur y quinqui, esto es, películas que narran las aventuras de un grupo de delincuentes, un género popular en España a fines de los 70 y principios de los 80 nacido del clima de inseguridad que se vivió en esas fechas.

“Ha sido un esfuerzo titánico, casi como un hijo, pero me salió rebelde”, dijo Salado en una entrevista para El País. “Y ese millón de visitas en YouTube es la recompensa. Eso y la gente que nos da las gracias por el filme”.

En la película hay prostitutas, droga, violencia, machismo, crimen y segregación –la marginalidad es la misma en todo el mundo y la película recuerda a momentos la adaptación de 1999 de La virgen de los sicarios. Hay, también, desesperación. Si la película retrata una realidad o la reinventa, es algo irrelevante: su narrativa pertenece al campo de las desigualdades del neoliberalismo y la hipocresía alrededor del consumo de drogas. Es una pena que esto no se haya comentado: el interés que despertó fue por la mezcla de tenacidad y bajo presupuesto, además de las decenas de actores amateurs involucrados. No habría que detenerse ahí: ‘Criando ratas’ es una historia sobre las promesas incumplidas de un siglo y, pese a esto –o habría que decir: por sobre esto–, contiene múltiples aciertos, entre ellos, ese retrato de la violencia pura en lo que pensamos primer mundo (al menos, como imaginamos Europa desde Latinoamerica). Hay otros destellos relevantes: un niño que se queja, sentado en un montón de escombros, sobre la mierda de vida que llevan; o el mafioso que vive en una aparente calma, fumando rodeado de perros de pelea.

Tal vez el mayor acierto de Salado esté en la falta de desenlace: lo único que queda es correr, idea que se proyecta casi como un escape metafísico. La película está disponible online en el siguiente link. Si la ven, entenderán que, pese a sus fallos, está llena de vida.

 

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