Cartas a un joven novelista – Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa retoma su título de la correspondencia que Rilke intercambia con Franz Xaver Kappus, y lo define como un ensayo sobre la manera en la que nacen y se escriben las novelas. Dicho esto, Cartas a un joven novelista es un recorrido de autores y, a través de ellos, de técnicas y consejos para todo aquel que ha decidido emprender el camino de las letras.

Vargas Llosa apunta, sin embargo, a que no es simplemente una decisión o un tema de voluntad, sino también un tema de vocación, una necesidad simbiótica que se alimenta directamente de las entrañas del escritor: “el escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, pues significa para él la mejor manera posible de vivir”. Hay, en esto, un acto de rebeldía, un rechazo al mundo y a la realidad, un acto de imaginación al saber que todo puede ser un poco más grande de lo que realmente es.

Dicho esto, Vargas Llosa explica algunos de los elementos y artilugios bajo los que se construye la catedral de una novela:

El catoblepas: Criatura de Flaubert que Borges recopila en su famoso manual de zoología fantástica, el catoblepas es una criatura que se alimenta de sí mismo, empezando por sus pies. Para Vargas Llosa, el escritor no escoge sus temas, los temas lo eligen a él, tienen relación directa con su vida, sin que esto se traduzca en que sean el punto de llegada de este viaje. Hay una paradoja: la literatura se alimenta de la vida del autor, pero no puede ser una transcripción de ésta: al ser vaciado de un lugar a otro es transformado en un objeto distinto, manipulado y estructurado en el orden de la ficción. Los escritores que rehúyen sus propios demonios y se imponen ciertos temas, porque creen que aquéllos no son lo bastante originales o atractivos, y estos últimos sí, se equivocan garrafalmente.

El narrador, el espacio, el nivel de realidad. La variedad de problemas o desafíos a que debe hacer frente quien se dispone a escribir una historia puede agruparse en cuatro grandes grupos: el narrador, el espacio, el tiempo y el nivel de realidad, menciona Vargas Llosa. ¿Qué persona gramatical cuenta la historia? ¿Yo, tú, él? ¿Desde qué tiempo verbal? (Donde pueden coincidir, o no, el tiempo del narrador y el tiempo de lo narrado). ¿Desde qué nivel de realidad? (desde lo real-literario, hasta lo mágico, lo milagroso, lo legendario, lo mítico).

Vargas Llosa avanza y va desarrollando un arsenal de herramientas para el futuro escritor, aunque acaso la más importante sea esta: la guía de lecturas que plantea. No se puede tratar de escribir si no existe, de manera previa, un compromiso con la lectura. Luis Eduardo Rivera menciona: “(La lectura) es el ejercicio primordial que le corresponde realizar a un escritor, sin esa curiosidad (porque la lectura está movida sobre todo por la curiosidad) el trabajo de cualquier escritor pierde en importancia, en profundidad, en interés, en originalidad, etcétera. Un escritor que no lee no podrá hacer jamás algo que valga la pena, siempre estará descubriendo el agua azucarada”.

La lección es más que clara.

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