La invención de la soledad – Paul Auster

Lo que me preocupaba era otra cosa, algo que no tenía que ver con la muerte ni con mi reacción ante ella: la certeza de que mi padre se había marchado sin dejar ningún rastro. No tenía esposa ni familia que dependiera de él, nadie cuya vida fuera a verse alterada por su ausencia. (…) Con el tiempo sería como si nunca hubiera existido.

La Invención de la Soledad es, en realidad, dos libros: Retrato de un hombre invisible y El Libro de la Memoria. El primero es el regreso exhaustivo del narrador a la muerte de su padre. Ficción y realidad se mezclan en un viaje donde un hombre muere, un hombre del que se sabe poco, al que se le recriminan y agradecen muchas cosas. El viaje resuelve un misterio: un suceso desconocido da luz sobre todas las incógnitas que rodean la vida de alguien que, sin ese libro, no se recordaría jamás. En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes. No sólo lo veo como fue, sino como es, como será; y todos los días está aquí, invadiendo mis pensamientos, metiéndose en mí a hurtadillas y de improviso. Escribir, aferrarse, evitar el paso del tiempo.

Mi historia conecta con este libro de una manera similar: mi padre murió hace ocho años, y aunque nunca he escrito sobre eso, a menudo regreso a ese momento, trato de pensar en ciertos detalles que no quiero se escapen: sus dientes amarillos, de leche. Sus manos. Su panza, como un globo recién inflado. Cómo, cada año, se hacía una meta de levantarse un poco más temprano. Su interés por traer los zapatos siempre bien boleados. Mil y un cosas que uno podría rescatar, como la obra que Verónica Gerber propone:

He buscado mis propias palabras en las páginas de “Portrait of an invisible man”, de Paul Auster. El resultado: 67 narraciones de una línea. Auster escribe un memoir buscando las huellas de su padre muerto; yo voy en busca de otra historia, una narración secreta, oculta en su libro.

Cuando ponga un pie en el silencio, significará que mi padre ha desaparecido para siempre, repite el narrador. Las palabras, ante lo triste de los objetos que nos sobrevivan. Pienso, por ejemplo, en cómo este blog me sobrevivirá, en cómo, inclusive, seguirá publicando cuando yo ya esté muerto (he escrito este post mucho antes que la fecha en la que sale publicado). Parafraseando a Auster, me pregunto qué sacarán en limpio de esta página la gente que llegue a leerla.

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