All the beauty in the world – Patrick Bringley
Last Updated on: 26th noviembre 2023, 02:58 pm
I believe we take art seriously when we try to discern what, at close quarters, it reveals.
Un hombre pierde a su hermano por el cáncer y, de pronto, la vida que lleva le parece insoportable. El mecanismo que encuentra para lidiar con el peso del mundo (y, con esto, su dolor) es dejar su trabajo en The New Yorker y entrar a a trabajar como guardia de seguridad en el Metropolitan Museum of Art o MET, en Nueva York.
Así, “All the Beauty in the World” es tanto un ensayo sobre el arte y la belleza, como un memoir sobre la pérdida y el duelo. En el fondo, lo que Bringley nos ofrece en su libro es una forma de mirar:
Recorriendo el ala de los antiguos maestros, me detuve fascinado ante ‘The Harvesters’, de Pieter Bruegel, de 1565. Reaccioné ante esa gran pintura de una manera que ahora creo es fundamental ante el peculiar poder del arte. Es decir, experimenté la gran belleza del cuadro incluso cuando no tenía idea de qué hacer con esa belleza. No podía liberar el sentimiento hablando de él, no había mucho que decir. Lo que era hermoso en la pintura no era como las palabras, era como la pintura misma: silencioso, directo y concreto, resistiéndose a la traducción incluso dentro de mi pensamiento. Como tal, mi respuesta al cuadro quedó atrapada dentro de mí, un pájaro aleteando en mi pecho. Y no sabía qué hacer con eso. Siempre es difícil saber qué hacer con eso. Como guardia, observaré a innumerables visitantes reaccionar a su manera ante la curiosa sensación.
El libro avanza entre este tipo de asombros: desde el arte clásico y los grandes maestros, hasta el arte africano en el que sus figuras e imágenes no son representaciones de la divinidad, sino la divinidad misma:
Sobre todo, puedo ver la geometría extraordinaria que el tallador de madera logró en su esfuerzo por hacer sobrenatural al nkisi. Me doy cuenta de que este artista enfrentó un tremendo desafío formal. A diferencia del pergamino de Guo o la pintura de Monet, su escultura no era una imitación ni una representación de algo más. No estaba destinada a parecerse a un ser divino; era el ser divino y, como tal, tenía que parecer como si existiera al otro lado de un abismo de los esfuerzos humanos ordinarios. Tenía que verse un poco como se ve un bebé recién nacido: no una imitación ni una representación de nada, sino más bien un nuevo, milagroso e insistente todo.
Bringley pasa diez años como guardia en el MET. En el fondo, no solo escribe sobre la belleza, sino también sobre la pérdida:
El duelo es, entre otras cosas, una pérdida de ritmo. Pierdes a alguien, eso deja un hueco en tu vida, y por un tiempo te acurrucas en ese hueco. Al venir al MET, vi la oportunidad de fusionar mi hueco con una gran catedral, de demorarme en un lugar que parecía intocado por los ritmos de lo cotidiano. Pero esos ritmos me han encontrado, y sus invitaciones son seductoras. Resulta que no deseo permanecer callado y solitario para siempre. Al descubrir el compás con el que me relaciono con la gente, siento como si estuviera descubriendo el tipo de adulto que seré. La mayoría de los grandes desafíos que enfrentaré en la vida son también pequeños desafíos que confronto en las interacciones diarias. Intentar ser paciente. Intentar ser amable. Intentar disfrutar de las peculiaridades de los demás y hacer buen uso de las mías. Intentar ser generoso o al menos humano incluso cuando la situación es rutinaria.
Pareciera que la conclusión no solo se encuentra en el arte, sino también en los otros: desde la amistad y la familia, hasta la belleza que reside también en todos los desconocidos que visitan el MET.
Cuando termina el día, tomo el metro en la calle 86 y miro a mis compañeros de viaje con un manantial de simpatía. En un día típico, es fácil mirar a los extraños y olvidar las cosas más fundamentales sobre ellos: que son tan reales como tú; que han triunfado y sufrido; que, como tú, están inmersos en esta vida que es difícil, rica y breve. Puedo recordar viajes en metro de regreso a casa después de visitar a Tom en el hospital. Si alguien se comportaba de manera mezquina, si alguien le reprochaba a otro pasajero por chocar contra ellos, me parecía una ceguera tan mezquina que casi no lo podía creer, aunque todos somos propensos a ello. Esta noche, tengo suerte. Puedo mirar con amor los rostros cansados y preocupados de los extraños.
En “All the Beauty in the World” no cabe la crítica o el cinismo. Ante todo, aboga por una mirada compasiva al mundo y, también, a nosotros mismos. Recomendable.
Sobre el autor
Patrick Bringley ha trabajado durante una década como guardia en el Museo Metropolitano de Arte. Mi nueva autobiografía, “Toda la Belleza del Mundo”, ha sido elogiada en varios medios, incluyendo el New York Times y el Washington Post. Anteriormente, trabajó en la oficina de eventos editoriales de la revista New Yorker.
Citas (en inglés)
“Much of the greatest art, I find, seeks to remind us of the obvious This is real, is all it says. Take the time to stop and imagine more fully the things you already know. Today my apprehension of the awesome reality of suffering might be as crisp and clear as Daddi’s great painting. But we forget these things. They become less vivid. We have to return as we de to paintings, and face them again.”
“We adore, we apprehend beauty. When we lament, we see the wisdom of the ancient adage “Life is suffering” A great painting can look like a slab of sheer bedrock, a piece of reality too stark and direct and poignant for words”
“As far as I can make out, designers always began with the circle, the simplest and most primordial shape, which they would subdivide to tease out implied shapes inscribed within. By choosing to erase certain lines and extend and repeat others outward over an infinite grid, they created innumerable patterns that were all derived from the original circle, which in its oneness was emblematic of God. The final product would contain no visible trace of the circle but stood as a demonstration of the unity that underlies multiplicity, a tenet of the Muslim faith.”
“At last he got up. “Well, never mind, he said, “we can’t stay here forever, can we?” No, I don’t suppose we can. Such moments provide solace; they are heartening; they are pure. When I look at Vincent’s irises, I feel him longing to live in their vibrant simplicity forever, escaping his poverty and his demons. But the time does come to turn and face what lies ahead of us. Vincent’s story was sad because he was ill-equipped to cope with the business of living. I am grateful beyond words for my better luck. I think my life story will be happy.”
“A graceful, broken body, it reminds us again of the obvious: that we’re mortal, that we suffer, that bravery in suffering is beautiful, that loss inspires love and lamentation. This part of the painting performs the work of sacred art, putting us in direct touch with something we know intimately yet remains beyond our comprehension.”
“I take this crowded middle of the picture to represent the muddle of everyday life: detailed, incoherent, sometimes dull, sometimes gorgeous. No matter how arresting a moment is or how sublime the basic mysteries are, a complicated world keeps spinning. We have our lives to lead and they keep us busy.”