Tiempo transcurrido (crónicas imaginarias) – Juan Villoro

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port_tiempo_transcurridoUna de las lecciones que José Agustín legó fue la idea de que otra literatura, más allá de la Revolución, era posible. Contestataria y, por ende, cercana a la juventud y el rock, la onda significó también un impulso fresco al lenguaje, liberado del anquilosamiento del canon literario. Tiempo transcurrido (crónicas imaginarias) de Juan Villoro es, en este sentido, un agradecimiento a José Agustín –recordemos que, a los quince años, Villoro leería De perfil de Agustín, del que diría después: “no he vuelto a leer el libro que decidió mi vocación, pero no he perdido un detalle de su copioso mundo”–. En el “Rescate Temporal”, prólogo del libro, Villoro apunta:

(…) Algo parecido sucedió con el rock. A los doce años me enteré de una noticia que me dejó estupefacto: estábamos entrando a la era de Acuario. El rock era tan inquietante y lejano como el movimiento estudiantil. Habíamos llegado tarde a los Grandes Acontecimientos. Debutamos en el kinder mientras Dylan debutaba en el festival de Newport. Tiempo transcurrido es una manera de cobrar venganza, de rescatar sucesos no vividos, de inventar el pasado. También es un ejercicio de sustitución, un intento de hacer literatura a partir de la música.

En este sentido, Tiempo transcurrido es un libro cercano al Rey Criollo de Parménides García: un intento de articular historias cuya génesis son los riffs de bandas como Grateful Dead, Jefferson Airplane y Quicksilver Messenger Service. Si bien Villoro les da el mote de “crónicas”, lo cierto es que estos textos son más bien ficciones que giran en torno a los vértices de la sexualidad, el amor, la violencia, las drogas y el rock. En el texto 1968 dedicado a Carlos Chimal el narrador confiesa:

Como Ismael después del naufragio, Gus se siente obligado a pensar en las cosas que sucedieron exclusivamente para que alguien se acordara de ellas.

Hay, en esto, una intención de resignificar la realidad. Cuando Villoro dice que “habíamos llegado tarde a los Grandes Acontecimientos” estamos leyendo  la melancolía de saberse excluido de esas posibilidades. Inventar, entonces, es lo mismo que recordar:

Marco entra en una ciudad; ve a alguien vivir en una plaza una vida o un instante que podrían ser suyos; en el lugar de aquel hombre ahora hubiera podido estar él si se hubiese detenido en el tiempo tanto tiempo antes, o bien si tanto tiempo antes, en una encrucijada, en vez de tomar por una calle hubiese tomado por la opuesta y después de una larga vuelta hubiese ido a encontrarse en el lugar de aquel hombre en aquella plaza.

Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

Tomar el lugar de otros, de aquellos que vivieron entre 1968 y 1985. Pese a lo ambicioso del proyecto, el libro es un ejemplo de la prosa temprana de Villoro (la primera edición es del año 1986) y, por tanto, uno de sus trabajos más deficientes. Muy lejos todavía de la calidad narrativa de libros como La casa pierde (con el que Villoro ganó el premio Xavier Villaurrutia en 2000), Tiempo transcurrido ofrece algunas frases memorables sobre situaciones y personajes delebles. En el mejor de los casos somos testigos de una atmósfera de un México ya perdido. Esto, dice Italo Calvino, son sólo “ramas del pasado: ramas secas”, un viaje a un pasado imaginado a partir de un par de anécdotas y un puñado de canciones que ya no suenan más en la memoria.

Para leer el libro, consulten el siguiente link. Una lectura positiva del texto la encuentran aquí.

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