Sobre la memoria

Me pesa la mala memoria para cosas que me parecen fundamentales. Son nulos los poemas que puedo recordar completos. Repasar el librero es recordar que no recuerdo los detalles de la inmensa mayoría de los títulos en las repisas. Los nombres, luego, algunas caras, y cada vez más frecuente, conversaciones, detalles que pasaron y que se me escapan por el retrete del tiempo. Imposible retenerlo todo. Algunos destellos llegan de pronto, como el Aleph, que viene a cuento:

¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Luego Funes, el Memorioso:

Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera.

No hay memoria propia ni recuerdo verdadero, todo pasado es incierto e impersonal, dice Piglia. Qué no daría yo por la memoria / de un portón de quinta secreta / que mi padre empujaba cada noche / antes de perderse en el sueño / y que empujó por última vez / el 14 de febrero del 38, dijo Borges.

“Los grandes relatos de Borges giran sobre la incertidumbre del recuerdo personal, sobre la vida falsa y la experiencia artificial. La clave de este universo paranoico no es la amnesia y el olvido, sino la manipulación de la memoria y de la identidad”, dice Piglia, de nuevo, para tejer una reflexión política sobre la manipulación del individuo y el estereotipo. Añadiría al punto de Piglia que esa manipulación no es social, ni estatal, ni mucho menos cultural. Es individual, un mecanismo de autodefensa ante los flujos del destino , lugar de anclaje para aquello que conforma nuestra vida: un simple cúmulo de recuerdos. Que no daría yo por la memoria de todas esas cosas que persisten, tristes, como paisajes en ruinas, o aquellas otras que olvidé tan silenciosamente que ni siquiera he podido hacer duelo.

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