Nombre como destino

Cierta tesis teatral apunta a la idea del nombre como destino. Nomem est omen, el nombre es el destino. La idea de que esto sea cierto predestina tanto como los signos zodiacales. Sin embargo, cierta fascinación nos arropa al pensar en ello.

Alejandro, del griego alxí, proteger, cuidar, y ándros, hombre, Alejandro el hijo de Filipo de Macedonia y el conquistador más famoso de la Antigüedad, fue, en efecto, un protector de sus soldados, un guía a la vez que un vencedor de seres humanos, para no hablar de Napoleón, cuyo origen onomástico habría que ligar a nea polis, ciudad nueva, fundador de poblados y villas que encarnaban los ideales libertarios y democráticos del siglo XVIII. Durante siglos nombres y oficios se correspondieron, durante épocas enteras los nombres propios significaron mucho más que meros adornos fonéticos. Pues nombrar no es, creen los especialistas, una mera imposición silábica sobre los seres y las cosas, sino también señalarles un lugar en el orden del mundo, que si bien no es del todo verbal tampoco escapa a las redes del lenguaje y la taxonomía. Somos nuestros nombres en la misma medida en que tenemos un ADN particular cada uno, lo que no impide que podamos cambiarlos en un momento u otro de nuestras biografías, como los cambian los Papas y los artistas de cine. Los chinos, tan dados a las imágenes y a las definiciones espaciales, dicen que ming, el nombre, procede de los ideogramas para crepúsculo y boca, justamente porque cuando la oscuridad se ciñe sobre una persona y puede ser confundida con otra, anunciarse a sí mismo aclara a los demás quién se acerca a ellos.

Mario Satz

Conozco a una chica con el nombre de una canción. Luz del sol, volcán y tierra.

El hebreo bíblico llama neshamá al alma y en el interior de esa palabra hallamos el concepto de shem, nombre, de donde es cierto que alma y nombre, nombre y alma parecen relacionados de modo profundo y substancial.

Ídem.

Recuerdo entonces este otro post. La palabra precisa, de la que habla Humpty Dumpty. El inicio de la realidad con la capacidad para nombrarla. Asociación clara, si se encuentra la palabra exacta, y el momento exacto para decirla.

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