If this isn’t nice, what is? – Kurt Vonnegut

humanista kurt vonnegut

Cuando comenté el primer libro que leí de Kurt Vonnegut, escribí:

El eje rector de las preocupaciones de Vonnegut en estos textos es la humanidad, como construcción cultural y ejercicio de voluntad. Uno puede elegir ser humano. Ser más humano.

En esta misma línea, el libro If this isn’t nice, what is? de Kurt Vonnegut (que podría traducirse como: Si esto no es felicidad, ¿qué lo es?) ofrece un compendio de discursos y pequeños agradecimientos que el escritor dio en distintas universidades y escuelas y que giran en torno a la vida y su pregunta fundamental: ¿para qué y cómo vivir? La antología –menor pero representativa– podrían resumirse bajo la siguiente anécdota:

Most of you here are the same age as my grandchildren. They, like you, are being royally shafted and lied to by our Baby Boomer corporations and government. I put my big question about life to my biological son Mark. Mark is a pediatrician, and author of a memoir entitled The Eden Express. It is about his crackup, straitjacket and padded cell stuff, from which he recovered sufficiently to graduate from Harvard Medical School.  Dr. Vonnegut said this to his doddering old dad: “Father, we are here to help each other get through this thing, whatever it is.” So I pass that on to you. Write it down, and put it in your computer, so you can forget it.

El humanismo –cuyo propósito es valorar la condición humana sirviéndose de la generosidad y la compasión como principales valores– de Kurt Vonnegut es candoroso: ser bueno, no porque existe una amenaza del infierno o la promesa de un cielo, sino porque en medio del absurdo que impera en el mundo, se elige serlo. La idea es ya una constante: en su novela “Cuna de gato” Vonnegut crea la religión “bokonista” (o bokonismo, por la castellanización de “Bokononism”), la cual postula que el principal mandato es “vivir bajo cualquier concepto que te haga valiente, amable, sano y feliz”. Así, se convierte en “la única religión basada en mentiras que no sólo no intenta ocultarlo, sino que se enorgullece de ello”.

Vonnegut fue un hombre que vivió desde la primera línea los horrores de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de la imagen que nos ha compartido Hollywood –el exsoldado jadeante, despierto a mitad de la noche por una pesadilla–, Kurt aparece como un tipo simpático y optimista. Al hablar sobre el trabajo que tienen los artistas en el mundo, dice:

Primero, admiten que no pueden arreglar todo el universo. Segundo, hacen que al menos una pequeña parte sea exactamente como debe ser, un puñado de arcilla, un recuadro de lienzo o un pedazo de papel.

Trabajar en ese “deber ser” es la tarea que encomienda a las generaciones a las que se dirige.

Es común que como lectores menospreciemos aquellos textos cuyo propósito esencial es tocar las aristas de la transformación y el desarrollo. El pesimismo, que no es otra cosa que el status quo, parece predominar en nuestras valoraciones literarias y espirituales –cualquier hombre sensato descartará cualquier libro de superación personal del Sanborns y citará, si recuerda alguna nota de memoria, a Schopenhauer– y enfatiza lo que vemos a diario en las noticias: todo está jodido y nada va a cambiar.

La realidad –una realidad inexplorada, sin duda– es que es posible cambiar: Vonnegut trata de conectar con esta intención a partir del humor y el sarcasmo. No todo tiene que ser ceremonioso –uno de sus consejos, de hecho, es iniciar cualquier discurso con una broma–.

El resto del libro podría citarse a manera de aforismos –frases que apuntan siempre al jaque mate. Evitaré caer en esa tentación. Lo que resta para el lector de esta reseña es acercarse al libro, accesible en este link. Si Vonnegut tiene éxito, tal vez usted sea un poco más humanista después de su lectura.

Posts relacionados