Fábula del perdedor perfecto

I

Así se llamaba un artículo de Julio Villanueva Chang en Letras Libres, febrero 2008. La sub-cabeza abre: el nadador Eric Moussambani y la maratonista Zoe Koplowitz han perdido siempre y sus derrotas confirman lo sospechado: que las victorias son a veces aburridas y que el acto de perder puede ser, como en las fábulas, un espectáculo ejemplar.

Luego sigue:

Eric Moussambani, un nadador de estilo libre de Guinea Ecuatorial, perdió en las Olimpiadas de Sydney 2000 en una carrera de cien metros en la que nadó sin ningún competidor. En esa competencia contra sí mismo, el único mérito de Moussambani fue no ahogarse hasta llegar a la meta.

(…) Más que al mundo del deporte amateur, Eric Moussambani pertenece al del azar. (…) Ha inaugurado un carisma por la derrota, es de algún modo la celebración del atraso, pero también del esfuerzo y la suerte, determinantes en contra de esa ideología de la victoria.

II

En Cuartos para gente sola, de J.M. Servín, el narrador pelea contra un perro:

Me preguntó si estaba listo y le indiqué con una seña de mano que me esperara un momento. Agité los brazos de un lado a otro para desentumirme y comprobar qué tanto de movilidad tenían. Miré los amarres de mis botas, resoplaba para disminuir mi tensión. (…) Estaba listo para atacarme apenas lo soltaran. Comprendí que mi única oportunidad estaba en el momento que pudiera darle un buen batazo en la cabeza para írmele encima, romperle las mandíbulas o asfixiarlo.

III

Tranquilo, ya pasó todo. Así termina ese capítulo. Pero no. Apenas comienza. A veces me imagino como un boxeador amateur, en la antesala de una pelea con Tyson, Holyfield. Sé de entrada que me matarán, pero no doy paso atrás, sigo adelante, motivado por una razón que no comprendo, que está más allá de cualquier explicación o sentimiento. Sigo adelante, como Moussambani. Mi único mérito será no ahogarme.

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