El hombre imposible – J. G. Ballard

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El primer relato auténtico de ciencia ficción, que yo mismo pretendo escribir si nadie más lo hace, gira en torno de un hombre amnésico que yace en una playa observando una rueda oxidada de bicicleta, tratando de establecer cuál es la relación entre ambos.

ballard-el-hombre-imposibleJames Graham Ballard fue un escritor británico de ciencia ficción, más conocido por todos ustedes -probablemente- por la novela Crash (1973), misma de la que David Cronenberg hizo una adaptación al cine en 1996. El hombre imposible es una recopilación de cuentos que data de 1966, en la que Ballard utiliza distintas distopías para hablar del hombre y su naturaleza.

¿Qué haríamos, por ejemplo, al encontrar un gigante ahogado en una de nuestras playas? Destazarlo. En Delta en el crepúsculo, un hombre sueña con serpientes mientras muere y su psique se pierde entre visiones. En otro de los cuentos, un hombre arremete y vence contra miles de aves gigantes que buscan alimentarse con él, solo para, después, caer muerto por la mujer a la que intenta salvar. En el Día eterno somos testigos de una persecución en una tierra desierta que ha dejado de girar. Tiempo de pasaje, por su lado, propone un tiempo a la inversa -como El mundo contra reloj de Philip K. Dick, Benjamin Button de Scott Fitzgerald, e incluso Viaje a la semilla, de Carpentier-, mientras que El hombre imposible, título que le da nombre al libro, habla de una sociedad cuya ciencia médica ha logrado extender el tiempo de vida de los hombres indefiniblemente y, pese a esto, ellos prefieren encontrar la muerte (reseñas más largas de cada cuento pueden ser leídas aquí).

Lo que destaca de la prosa de Ballard son los pocos detalles que necesita integrar para situar un contexto -no necesita verter toda una explicación para situarnos dentro de un mundo que obedece a reglas muy distintas a las que estamos acostumbrados-. Así, Ballard nos transporta a otros universos donde las catástrofes medioambientales o la evolución tecnológica sitúan al hombre ante situaciones extremas como las antes descritas. Susan Sontag lo catalogó como “one of the most important, intelligent voices in contemporary fiction“, no sólo por los universos creados dentro de su obra, sino por la posibilidad de adentrarnos dentro de los demonios que el siglo XX nos ha traído: el consumismo, la deshumanización, la sobreinformación, el erotismo exacerbado.

Los mayores avances del futuro inmediato ocurrirán no en la luna o en Marte sino en la Tierra, y es el espacio interior y no exterior el que necesita ser inspeccionado. El único planeta verdaderamente extraño es el nuestro […] Quiero ver que la ciencia ficción se vuelva abstracta y atrevida, ideando situaciones nuevas y contextos que ilustren los temas de manera oblicua.

Como nota al pie, vale la pena destacar el encuentro entre Borges y Ballard, del que este último reiteró su entusiasmo y admiración en repetidas ocasiones. Como lectura adicional, chequen esta opinión en El Clarín a propósito de su muerte.

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