El conductor y otras historias – Jean Ferry

claude ballare

MecanicienJean Ferry (Francia, 1906 – 1974) fue un escritor de guiones durante la época entre guerras. De joven debutó como crítico de cine en Revue du Cinéma y llegó a escribir para Luis Buñuel, Louis Malle y Christian-Jaque, aunque sus principales colaboraciones serían con Henri-Georges Clouzot, con quien co-escribió “Manon” y “Quai des Orfèvres“, una adaptación de la novela Légitime défense de Stanislas-André Steeman. Cercano a los surrealistas, escribió el prefacio del libro de Adonis KyrousEl surrealismo en el cine“, cuya portada era una foto de Man Ray, y fue incluido por André Bretón en su famosa Antología del Humor Negro:

Los (…) textos líricos de Jean Ferry se desarrollan en torno a la idea del hombre perdido. El barco que ha partido sin previo aviso, los pasajeros se han desperdigado no se sabe por donde. La isla está desierta, pese a que por la noche se perciba su población. Aquí, no es el hombre quien se desplaza, es la tierra. El mundo sensible es la extensión al infinito de aquellas trampas que hasta entonces el hombre sólo encontraba de vez en cuando: “¿Le ha sucedido alguna vez poner el pie en la oscuridad sobre el último peldaño de la escalera, aquel que no existe?”

Marino, operador de telégrafo, patafísico y cineasta, Jean Ferry tuvo dentro de sus afectos cercanos la obra de Arthur Conan Doyle y Raymond Roussel, quien decía que “una obra literaria no tiene que contener nada real, ninguna observación acerca del mundo, nada salvo combinaciones de objetos totalmente imaginarios”. Convertido en su principal promotor, en 1953 Ferry –en aquel entonces llamado Jean Lévy, ya que no había adoptado aún el apellido de su esposa– escribió tres exégesis de Roussel donde busca explicar el misterio de su obra. Ese mismo año escribiría Le Mécanicien et autres contes, su único libro de ficción.

Sesenta años después (2013) Wakefield Press tradujo y editó en inglés esta obra, misma que consta de 24 relatos que giran entorno al cansancio –”el sueño es un escape temporal. En la obra de Ferry, la fatiga es una fuerza trágica”–, lo fantástico –en el cuento “El tigre mundano“, al narrador lo desconcierta el espectáculo de un tigre obligado a comportarse como un hombre–, lo imaginario y lo onírico. El prefacio es encantador:

Es probable que este libro sea impreso y leído algún día. Igual de probable es que permanezca como un manuscrito, durmiendo tranquilo durante largos años encerrado en un cajón. El dueño de este escritorio tal vez tendrá que huir un día, dejando olvidadas estas páginas. Nada nos puede detener de imaginar que ese escritorio será vendido. Así, será comprado por un comerciante que quiere amueblar el cuarto de la sirvienta en su nueva casa. Su sirvienta, entonces, encontrará el manuscrito y lo arrojará a la basura. El comerciante, quien nada desperdicia –pues así es como hizo su fortuna– despedirá a la sirvienta, rescatará el manuscrito y lo enviará a su departamento de embalaje. El fajo de hojas arrugadas servirá para acolchar un paquete que enviará a una remota estación en el centro de África. Nada de esto es inverosímil. Después de meses de viajar en camiones, trenes, barcazas y caravanas, el paquete llegará a su destino. A un hombre blanco. Hace veinte años dejó Francia y se convirtió en el humilde empleado de una poderosa compañía minera; desde entonces ha sido olvidado en este paraje remoto. No hay otro europeo en un radio de mil millas a la redonda y este hombre se ahoga entre hombres negros como un frijol bayo en medio de una bolsa de frijoles negros. El paquete llega muy tarde. El hombre es viejo. Primero que nada, el hombre ordenó una máquina de hielo, pero el comerciante entendió mal y ha enviado un dictáfono. Molesto, el hombre blanco alisará las hojas del manuscrito. Dado que tiene poca imaginación y nada más que hacer, se grabará a si mismo leyendo el texto. Una vez que lo ha grabado todo, se volverá a grabar, aunque ahora de atrás hacia delante, y dado que habla perfectamente la lengua de la tribu africana más cercana (una especie de Bomongo corrompido), esta será la lengua que usará para dictar la primera traducción del manuscrito. Morirá, tiempo después, y nadie se enterará de esto. El follaje invadirá, engullirá su choza. Hormigas rojas se comerán el manuscrito. Una batalla acontecerá entre las tribus que hablan el Bomongo bastardo y sus enemigos; será el comienzo de una guerra de cien años. Después de muchas peleas, el último Bomongo –ahora el único sobreviviente de una tribu desaparecida– será forzado a esconderse en el bosque. Ahí es donde, perseguido por un jaguar, se guarecerá una noche de tormenta dentro de la cabaña del hombre blanco: no será más que una vaga y oscura burbuja vacía en la jungla gigantesca. El hombre negro descubrirá el dictáfono y accidentalmente lo encenderá y escuchará, en su propia lengua, las palabras que estas páginas contienen. He escrito para ese hombre.

Con estas palabras Jean Ferry nos ofrece la apertura de su volumen de relatos, del que destacan “Un motivo de paseo“, “Kafka, o la Sociedad Secreta” y, mis favoritos, “Carta a un extraño“, “Bourgenew & Co.” y “El conductor”, que precisamente tocan el tema del que Bretón señala: el hombre extraviado, es decir, el espasmo de la pérdida de todo pasado y futuro.

Every life should have a little whimsy, sure, but really, when a man no longer knows if the sun in the sky means noon or midnight, when a great wind from the plains wraps around your personality like stripes around a barber pole, I say “Enough!” It’s decided: tomorrow, I’ll go looking for the dock. Deep down, my only nightmare is that the Valdivia will come for me when I’m not there, and leave again without ever having seen me.

El solipsismo apunta a que somos el sueño de un dios, pero ese sueño bien puede ser nuestra pesadilla –Carroll, tan querido entre los surrealistas, había hablado ya de los sueños que nos sueñan. Otros cuentos como “Rapa Nui” tocan los bordes entre realidad y ficción, mientras que “Mi acuario” explora el cansancio y el delirio. Cada historia suma una nueva posibilidad, una pista más sobre la inexistencia. ¿Vivimos en un sueño? ¿Estamos ya en el purgatorio? La respuesta tal vez llegue en una explosión, como en “Una lágrima en su ojo“, –cuento que recuerda al Cocodrilo de Felisberto Hernández, aunque con un final mucho más desconcertante.

Como nota final, después de leer “Bourgenew & Co.” revisen la adaptación al cine que hiciera en 1991 Claude Andrieux (francés). Una joya.

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