Apuntes de la vida cotidiana no. 240611

Muchas cosas pueden decirse sobre lo triste que es que una relación termine. Yo sólo hago una parada en ese puente: el lenguaje compartido que pasa a ser lengua muerta.

«los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo»

El mapa que dota de sentido a la cotidianeidad cambia. Los plurales se vuelven singular. Los sonidos, los gestos, una mano sobre otra. Las bromas. La pareja crea un lenguaje común, al que le es ajeno el exterior. Es el “nosotros”, rechaza a los demás para encerrarse en burbuja, explorarse. Los motes. El espacio habitual en la cama. La manera de cocinar unos huevos revueltos.

«un sonido es una expresión sólo si ocurre en un juego de lenguaje particular».

Antes de dormir, al despedirse, dos chasquidos con los labios. Uno de respuesta. Luego, todo queda excluido. El espacio común produce extrañamiento. Ternura, melancolía, nostalgia, sensaciones propias de un enamorado más bien cursi… Enfermedad.

«Estamos bajo la ilusión de que lo peculiar, profundo, esencial en nuestra investigación, reside en el intento de aprehender la esencia incomparable del lenguaje. Esto es, el orden existente entre los conceptos de proposición, palabra, prueba, verdad, experiencia, etc. Este orden sería un super-orden entre, por así decirlo, super-conceptos. Mientras que, por supuesto, si las palabras “lenguaje”, “experiencia”, “mundo”, tienen un uso, éste debe ser tan humilde como el de las palabras “mesa”, “lámpara”, “puerta”».

Queda para cada uno reordenar esa realidad, ajustar conceptos. Para una extensa clase de casos podremos seguir utilizando las mismas palabras, aunque  las relaciones entre ellas no vuelvan a ser iguales. Otras, por el contrario, quedarán bajo un cruel silencio.

Posts relacionados