Desde su muerte, entonces, el apellido Libertella vuelve a cero. Yo tendré que encontrar el modo de inventarle de nuevo un origen, un relato, para así regar todos los días, a mi modo, el libro para la tierra

Mauro Libertella escribe, en este libro, sobre la muerte del padre. Su texto es una elegía y, también, un testimonio de los últimos años de Héctor Libertella, escritor argentino perteneciente al movimiento llamado “ficción crítica”, a quien desafortunadamente no he tenido el gusto de leer. Para explicar el libro se puede retomar un pasaje:

Quizás uno de los puntos centrales de esos libros tenga que ver con la aparición de una voz; trayendo del pasado la historia del padre, aparece la voz del hijo en el presente. Casi todos esos libros, buenos o malos, ficcionados o de corte más secamente testimonial, se mueven en un contrapunto que no pueden eludir: idealizar al padre y, al mismo tiempo, saldar cuentas y tomar distancia.

De eso se trata precisamente el libro: reconciliar esos extremos. Pienso, por ejemplo, en La invención de la soledad, de Paul Auster, cuando escribe:

En lugar de enterrar a mi padre, estas palabras lo han mantenido vivo, tal vez mucho más que antes. No sólo lo veo como fue, sino como es, como será; y todos los días está aquí, invadiendo mis pensamientos, metiéndose en mí a hurtadillas y de improviso.

Escribir, aferrarse, evitar el paso del tiempo. De lo que somos testigos, al final, es de un retrato intimista en el que Mauro nos acerca a su padre, el escritor, el alcohólico y el genio —»a los 23 él tuvo su primera novela y yo tuve su muerte», nos recuerda con potencia.

Acá pueden leer un texto un poco más completo al respecto.

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