Woody Allen – Dylan Farrow: un debate entre la empatía y el arte

woody allen stencil

En una carta abierta publicada en el New York Times el 1° de febrero de 2014, Dylan revivió la acusación de abuso sexual que, en 1993, hiciera sobre Woody Allen[1]:

¿Cuál es tu película favorita de Woody Allen? Antes de que respondas, debes saber algo: cuando tenía siete años, Woody Allen me tomó de la mano y me llevó al ático en el segundo piso de la casa. Me dijo que me recostara en mi estómago y jugara con el tren eléctrico de mi hermano. Después me violó.

Después de su separación de Mia Farrow, Allen se casó con una de las hijas adoptivas de Mia, Soon-Yi Previn, con la que mantenía relaciones sexuales –en aquel momento Soon-Yi tenía 22 años y Allen 57. Fuera del morbo que el caso Dylan Farrow – Woody Allen despierta, Aaron Bady en The New Inquiry apunta a una situación compleja que vivimos como sociedad: la presunción de inocencia y la empatía. ¿Con quién debemos empatizar en este caso? ¿Por qué, ante la opinión pública, Allen parece inocente y Dylan una mentirosa?

Para Bady, la veracidad de lo relatado por Dylan parte del siguiente racional: es más común que un hombre viole a una mujer, que una mujer invente una historia de violación que dure más de diez años con el simple propósito de destruir la reputación de un hombre (de acuerdo a una encuesta en Estados Unidos, casi una de cada cinco mujeres han sido violadas o han experimentado un intento de violación).

Si dices que “en realidad no podemos saber qué pasó” y estás a favor del súper-especial Woody Allen, entonces estás diciendo que su presunción de inocencia es mayor que la de ella. (…) Su presunción de inocencia solo puede ser construida bajo el supuesto de que sus palabras [Dylan] no tienen credibilidad, (…) que sus palabras no son evidencia.

Al igual que Bady, la mayor parte de las voces que se decantan por apoyar a Dylan parten de la misma premisa:

Es frustrante que los hombres hagan valoraciones basadas únicamente en la evidencia cuando, como mujeres, hay toda una experiencia entre líneas que es difícil de definir o calificar como un delito sexual hasta que efectivamente sucede. Y cuando el delito efectivamente ocurre, ya sea acoso o una violación, entonces la mujer es cuestionada al respecto.

Hay más comentarios como éste en Internet y son indicativos de cómo nuestros juicios morales tienden a estar influidos por el efecto de la víctima reconocible: generamos mayor empatía cuando atribuimos un rostro y un nombre a un crimen o desgracia.

La empatía, palabra con poco más de 100 años[2], es definida como la “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. En su carta, Dylan apuesta porque esta identificación permita, no llevar a Allen a los tribunales, sino derribar la efigie que se ha creado alrededor de sus películas –recientemente fue nominado a otro Óscar por Blue Jasmine y ganó el Cecil B. DeMille Award por trayectoria cinematográfica–. En su texto concluye: “¿se imaginan un mundo que celebre a su verdugo? Entonces, ¿cuál es tu película favorita de Woody Allen?”.

Esta visión, sin embargo, es peligrosa. En “The case against empathy”, Paul Bloom define a la empatía como “parroquial, cerrada y obtusa. Generalmente actuamos mejor cuando somos lo suficientemente inteligentes para no depender de ella”. Su punto es claro: la empatía exige tomar una postura –a favor de uno, en contra de otro– y evita enfocarse en la imagen completa.

En este caso, una de las aristas del debate se extiende a la obra del artista: ¿está exenta, o no, de cualquier moralidad? Si existe la posibilidad de que Woody Allen sea culpable, ¿es ético premiarlo? Si bien la filosofía no ha encontrado que ser moralmente reprensible determine el carácter o validez de una pieza de arte, la ambigüedad del caso Allen – Farrow revive viejas preguntas que parecen sobrepasar la tendencia de la Academia a enfocarse en el cine y no en el comportamiento. Por el momento, habrá que esperar la premiación de los Óscares para entender si esta polémica tendrá un efecto o no en los resultados.


[1] En su momento, la investigación realizada concluyó: “es nuestra opinión que Dylan no fue abusada sexualmente por Allen. Además, creemos que las declaraciones de Dylan en video, así como sus declaraciones a nosotros durante las evaluaciones no refieren a eventos que hayan sucedido en verdad”, aunque hay quien apunta que el caso no fue bien llevado.

[2] El término fue acuñado en 1909 por Edward B. Titchener en un intento por traducir la palabra alemana Einfühlung

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