Tres libros de la Universidad Autónoma Metropolitana

Son tres libros: El caballero de París y otros cuentos, Transbordo y Millennium Tremens. De entrada, quiero disculparme: por ahí leí que cualquier trabajo de creación está mucho más allá de la crítica que se pueda hacer de este… es decir, que la mala literatura es superior a cualquier buena crítica. Tal vez.

En este caso, los tres libros los encontré por 15 pesos en una feria del libro del Auditorio Nacional. Me pregunto si la necesidad de que te lean, te lleva a rematar tus libros de esa manera. O tal vez ese fue el propósito. Las reseñas de los libros aquí:

Jesús Vicente Garcia. Transbordo. Los cuentos de Transbordo dan nuevo aliento a la literatura de ciencia-ficción, muy afecta a la somenidad, a las atmósferas tecnológicas y decadentes. Jesús Vicente, con una prosa sobria, directa, casi coloquial, sazonada con buen humor, deforma la realidad y la toruta hasta extraer de ella una imagen retorcida, dándole así un relieve satírico al género de la ciencia-ficción. // Si de lo que se trataba era de contestar contra el tono solemne de la ciencia ficción, pues tal vez el libro tiene un punto. Vicente García toma el imaginario del metro de la Ciudad de México para construir una realidad alterna plagada de los mismos problemas de hoy: infidelidad, sinsentido, críticas al capitalismo, etc. ¿De qué sirven nuestros mismos temas trillados, simplemente trasladados a una realidad diferente? El autor bien pudo haber abogado por crear nuevos contextos, pero los textos se establecen en lugares comunes que ya hemos visto en el pasado. El libro cierra con un cuento llamado “Puros cuentos”, que parece una oda al genio del autor en su dualidad de escritor. Pfff.

David Gutiérrez Fuentes. Millennium tremens. Este libro como decía Pink Floyd, es “un paquete lleno de sorpresas”. David Gutiérrez apuesta al texto muy breve, lo que significa aspirar al rigor y la calidad. Para llegar ahí recurre a un estilo de alta limpieza al que añade calidez, inteligencia, ingenio e incluso cierto candor que humaniza todo el volumen. Los textos son claros pero, a la vez, intrigantes; invitan a que los hagamos nuestros y procuremos desentrañarlos, pues en esta ocasión la nitidez nos puede llevar a lo que no se expresa directamente. Millennium tremens primero nos devuelve a nuestra naturaleza animal, después ironiza al psicoanálisis para explorar lo que a la larga resulta el tema principal: las viejas y fascinantes guerras de los sexos con su debida tensión erótica; finalmente se abre en distintas direcciones temáticas, buscando con ganas no de encontrar sino de que lo encuentren, siempre cargado de imaginación, humor y amor por la literatura. José Agustín. // José Agustín, neta no. No apuesta por la calidad, en ningún momento. ¿Cómo decirlo? Son textos malos, predecibles. Llama la atención la obsesión del autor por el psicoanálisis, pero me parece que la apuesta a la brevedad es un reflejo de la incapacidad del autor por indagar más a fondo los temas que propone. Muchas veces los textos comienzan en un lado, y terminan en otro completamente aleatorio (i.e. El rostro abierto).

El caballero de París y otros cuentos. En este libro Mariana Gumá se interna por muy variados senderos de la ficción, sus finales suelen tomar por sorpresa al lector más prevenido. Se dice que de una forma u otra los textos acaban arrojando luces sobre la vida de su autor (…) lo que podemos sacar en claro es que su escritura está inserta en una búsqueda constante. Sueña con tocar y fundirse en el otro, sueña con no sentirse un ser separado, sueña acaso, con la inalcanzable completud. // Y sigue la contraportada, pero me he cansado. Tal vez sea el peor de los tres. Que sus finales sorprenden, sí, pero porque son muy malos.

No sé si debería decir más. Tal vez soy muy duro. Lo cierto es que esta serie parece tener dos elementos en común: publicar a estudiantes de la SOGEM, o que tienen un vínculo con la UAM. Es decir, libros de y para el club de Toby. Aunque la lectura ha sido rápida, siento que he perdido mi tiempo en estos libros. ¿Lo más valioso? Por triste que suene, los epígrafes de terceros.

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