Sobre la riqueza y nuestra situación como generación de transición (all wealth has become wealth for its own sake)

merry capitalism

—Queremos pensar en el arte de hacer dinero —dijo ella.
Estaba sentada en el asiento de atrás, el suyo, el sillón del fondo. Él la miró y siguió a la espera.
—Los griegos tienen un término para designarlo.
Siguió esperando.
Crematística —dijo ella—.Pero es un término al que debemos dar cierto margen, adaptarlo a la situación actual. Porque el dinero ha dado un vuelco. Toda la riqueza ha pasado a ser riqueza por y para sí. No existe otra clase de riqueza si de veras es inmensa. El dinero ha perdido sus cualidades narrativas, tal como le sucediera a la pintura hace ya tiempo. El dinero habla sólo para sí mismo.

Escribí un texto la semana pasada sobre el consumo y Thanksgiving en Estados Unidos. Nada nuevo, en realidad, un pie de página más a lo que ya se ha escrito al respecto. Cosmopolis, de Don Delillo, establece una distopía alrededor de un hombre cuya fortuna ha sido creada por la especulación y la tecnología. En sincronía a ese texto, Adbusters publicó una crítica a la reciente psicosis estadounidense alrededor del yo:

Es el culto al individuo lo que está matando a Estados Unidos, culto que tiene en sí mismo rasgos psicópatas: encanto superficial, grandiosidad y prepotencia; una necesidad de estimulación constante; inclinación a la mentira, el engaño y la manipulación, así como la incapacidad de remordimiento o culpa. (…) Es una creencia errónea que el estilo y progreso personal, confundidos con el individualismo, sean lo mismo que una democracia igualitaria. Es la celebración nacional de la imagen sobre la substancia, la ilusión sobre la realidad.

Más adelante, en la conclusión, apunta:

La meta no reside en la posibilidad de reformar el sistema, sino de proteger la verdad, la civilidad y la cultura de la contaminación de la cultura de masas. Requerirá una especie de estilo de vida esquizofrénico que caracteriza a las sociedades totalitarias. Nuestros comportamiento privados y públicos probablemente tendrán que estar en marcados contrastes. Actos de desobediencia será sutiles o matizados. No serán realizados para una victoria en el corto plazo, sino para asegurar nuestra integridad. La rebelión tendrá un objetivo definitivo si bien su propósito no será claro. Conforme nos retiremos de la cultura de masas, tendremos más espacio para explorar los significados de nuestras vidas. Así, seremos capaces de separarnos del flujo de ilusiones que se diseminan en los medios y podremos mantener nuestra cordura en un mundo enloquecido. La meta será nuestra habilidad para sobrevivir a esto.

Mi postura ante la libertad del hombre medida en función de su capacidad de compra está en el texto antes referido y este otro apunte. ¿Por qué vivir? ¿Cómo hacerlo? La creación como el último reducto que nos queda. Para algunos como yo, esto residirá en la creación de historias, pero para otros estará en la búsqueda de respuestas a las preguntas fundamentales que hoy nos aquejan: la distribución de la riqueza, la degradación de los recursos, la búsqueda de sentido en el sinsentido del mundo.

Somos una generación de transición. Como tal, no es dado hablar de estas cosas, registrarlas, a fin de que otros las entiendan y a partir de esto, las transformen.

Posts relacionados