Si te dicen que caí – Juan Marsé

¿Con lo mal que lo pasamos? ¿Me has mirado bien, rico? ¿Qué te gusta de mí?
Pensó: aquel temblor al abrazarme, aquel entrechocar de dientes,
aquel acurrucarte a mi lado como un perro dócil y asustado.

Si te dicen que caí es el título de una novela magnífica de Juan Marsé, ganadora del Premio de Novela México y publicada en 1973, que a su vez toma el título de un himno marcial español, cuyo canto completo es éste:

Cara al sol con la camisa nueva
que tú bordaste en rojo ayer,
me hallará la muerte si me llega
y no te vuelvo a ver.
Formaré junto a mis compañeros
que hacen guardia sobre los luceros,
impasible el ademán,
están presentes en nuestro afán.
Si te dicen que caí,
me fui al puesto que tengo allí.
Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz
y traerán prendidas cinco rosas:
las flechas de mi haz.
Volverá a reír la primavera,
que por cielo, tierra y mar se espera.
¡Arriba, escuadras, a vencer,
que en España empieza a amanecer!
¡España una! ¡España grande! ¡España libre!
¡Arriba España!

si-te-dicen-que-caiEl título de este himno de la Falange Española de las JONS es Cara al sol, y fue adoptado en 1935, aludiendo a “la necesidad de un tiempo nuevo, junto con la obligatoriedad del combate y el sacrificio”[1]. Horrible escucharlo cantado, aunque su gracia tiene cuando se le imagina siendo entonado por aquellos botas negras.

Dicho esto, Si te dicen que caí es la historia de un barrio de solares ruinosos, un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la realidad. Es una imagen hermosa para hablar de esa afición de contar aventis, esa necesidad de mezclar los recuerdos con la ficción, de reformular la vida y distanciar los límites entre lo que pasó y lo que se imaginó que pasó.

La premisa de la novela es la siguiente: un trapero busca a una prostituta a petición de una mujer rica, hay una cuenta pendiente que al parecer se quiere saldar y que implica la muerte del esposo de dicha mujer. Las razones son intrincadas, pero tienen que ver con la afición vouyerista del hijo y un grupo insurgente durante la Guerra Civil Española.

A partir de esto, Marsé despliega una serie de recursos para narrar una historia magnífica: un discurso escrito que pretende asemejar, en cierto sentido, la oralidad; un andamiaje de historias que se cruzan sin aviso y que brincan de un momento en el tiempo a otro; un trío de líneas paralelas -sin aparente relación en un inicio-, que se cruzan al final para concretar un desenlace explosivo; todo, dentro de esa eterna nostalgia: lo que pudo haber sido y no fue, es decir, contar aventis, expresión catalana para contar historias.

Después de la mitad de la novela, Marsé enfatiza el sentido de irrealidad que mezcla la vida y la ficción en los relatos del Sarnita (nuestro narrador, en cierto sentido):

Sabes andar por el mundo, Sarnita, me dijo, pero en el barrio te pierdes y en esta trapería ves visiones.

Y más adelante, un momento relevante:

Si has pasado tu infancia en el campo, toda la vida llevarás un almendro en flor en el corazón: eso quería expresar Ñito, sin conseguirlo, al defenderse de Sor Paulina, que una vez más le había llamado viejo tramposo y liante. La gente mayor, había dicho la monja, veíamos las cosas tal como eran y nos preguntábamos ¿por qué? Vosotros rumiabais cosas que nunca fueron y os decíais ¿por qué no?

Que no tiene contestación sino cerca del final de la novela:

Nunca hubo ningún almendro en flor en aquel solar inmundo, gruñó la monja con una mueca persistente y resentida: nunca, que yo sepa. Le ocurría al celador, explicó, algo así como si hubiese llovido mucho en su memoria y sufriera corrimientos de tierra: este famoso almendro (…) tu memoria lo ha transplantado y lo mismo haces con las personas y con todo lo que hicimos y hablamos.

¿Es la novela una historia revolcada dentro de un rosario de embustes que el roce de tantos dedos y labios podría acabar convirtiendo en un rosario de verdades, como acusa Java? Una idea fundamental: imposible aprehender la vida y los hechos que la conforman. Otra: memoria y pasado como un equivalente de la ficción. En el fondo hay una intención de contrastar la historia oficial con la oralidad y el mito, pero también, una búsqueda personal:

En palabras del autor, la novela no es tanto una revancha personal contra el franquismo, como una secreta y nostálgica despedida de su infancia. Es una de las obras más personales de su autor, pues al escribirla sólo pensaba en los anónimos vecinos de un barrio pobre que ya no existe en Barcelona, en los furiosos muchachos de la postguerra que compartieron con él las calles leprosas y los juegos atroces, el miedo, el hambre y el frío, en su propia infancia y adolescencia. La novela está compuesta por voces diversas, contrapuestas y hasta contradictorias, voces que rondan la impostura y el equívoco, que tejen y destejen una espesa trama de signos y referencias y un ambiguo sistema de ecos y resonancias.

El jurado que premió esta novela en México incluía a Vargas Llosa, Miguel Otero y Silva, Ángel Ma. de Lera y José Revueltas. Este último dice de la misma:

“El violento existir entre los hombres, el deterioro de los espíritus, la rabia existencial, la desesperación, pero, en medio de todo, el hombre: ese contradictorio habitante de la Tierra”.

Para finalizar, la novela exige mucho del lector: no será una empresa fácil entender las diferentes tramas que van conectándose y saltando como peces en el agua. La recompensa final valdrá la pena, ese retrato de hombres de hierro, forjados en tantas batallas, soñando como niños.

Sobre la tradición oral en la novela de Marsé, chequen este artículo. Dos artículos académicos de la misma, pueden ser consultados aquí  y aquí.


[1] Güerri Martín, Carmen. “La Guerra Civil en el Aula: El lenguaje del Cara al Sol”. http://www.laguerracivilenelaula.paramnesia.es/

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