La cena – César Aira

la cena cesar airaNovela breve y desconcertante. La premisa es la siguiente: un hombre y su madre van a cenar a casa de un amigo. Al regresar, después de una velada donde revisan una serie de artefactos extraños que el amigo colecciona, el protagonista regresa a casa a ver la televisión y se entera de que la ciudad donde vive -más bien, el pueblo de provincia donde vive- está siendo invadido por una horda muertos vivientes que se han escapado del cementerio.

Una broma, ¿no es así? Pero no. Lo que Aira intenta hacer es vapulearnos, con cariño y humor, y movernos un poco en nuestra condición de lectores crédulos y tontos. Recordemos Congreso de Literatura y veamos, entonces, que hay que asumir todo como un juego.

Era un verdadero milagro de la mecánica de precisión, si se tiene en cuenta que esas manitas de porcelana articulada no medían más de cinco milímetros. Yo había oído decir alguna vez que esos gestos de recoger miguitas imaginarias eran propios de los agonizantes. Los autores del juguete debían de haber querido significar la cercanía de la muerte de la anciana. Lo que me hizo pensar que toda la escena estaba representando una historia; hasta ese momento me había limitado a admirar el arte prodigioso de la máquina, sin preguntarme por su significado. Pero éste seguía sumergido en una extrañeza superior, y sólo se podía conjeturar.

Nuevamente, reglas del juego, tesis de autor. Para cuando llega la segunda parte, el giro que da la historia hará que la mayoría de los lectores se sientan desorientados. ¿No se trataba este libro de un perdedor que vive con su madre? ¿Dónde quedó el narrador en primera persona? ¿Por qué relata los hechos de supervivencia de Pringles como si se tratara de un narrador omnisciente? ¿Es un descuido? ¿Está ahí? Y si lo está, ¿por qué no reacciona? ¿Por qué no hace nada?

Poco después nos damos cuenta *SPOILER ALERT* de que en realidad todo ha sido una película de la televisión -gacha, cutre, una mierda- que él ha tomado por cierta. Paremos ahí. ¿Por qué hace esto Aira? Podemos regresar al postulado inicial: está contando una historia, una historia que no habla de la invasión de los muertos vivientes a Pringles -o sí, pero donde hay algo más de fondo-. ¿Qué es? Quién sabe: sigue sumergido en una extrañeza superior, y sólo se puede conjeturar. Manipulación mediática. Estupidez social. Apatía. Ficción y realidad. Etc. Las líneas bajo las que podríamos desmenuzar la propuesta son diversas. Aira, sin embargo, nos da otra pista:

El cine, y antes que el cine las leyendas ancestrales en las que se basaban sus argumentos, habían creado en la población un estado básico de incredulidad; a la vez que los preparaba para la emergencia (no tenían más que recordar lo que habían hecho los protagonistas de esas películas) les impedía reaccionar porque todos sabían, o creían saber, que la ficción no es la realidad.

Sin embargo, nuestro narrador, quien crédulamente piensa que esto en efecto está pasando -la invasión de los muertos en los hogares- nunca se detiene a pensar sobre su propio destino, sobre lo que tendría que hacer para sobrevivir.

¿Metáfora de nuestras sociedades? ¿Crítica a los medios de comunicación? ¿Análisis literario del homo videns? ¿Burla sobre burla? No lo sé. La novela es una lectura entretenida, aunque tal vez poco memorable. La memoria, sobre la que discurren en un inicio reflexiones relevantes para los personajes, y que aparece como espejismo de salvación, tal vez sea la culpable de que esta novela muera en nuestro recuerdo. Ya lo decía Borges: nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

Chequen esta otra reseña, que toca puntos relevantes del carácter literario de Aira que no fueron tocados en este blog.

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