La insólita historia de Peter Schlemihl – Adalbert von Chamisso

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SchlemihlEscrita en 1813 por Chamisso, hay que entender La insólita historia de Peter Schlemihl como un relato para divertir a los hijos de su amigo Hitzig Itzenplitz, con quien pasó una temporada. Peter Schlemihl repite el mito faustico, tan popular en la literatura alemana: seducido por las riquezas de fácil acceso, el personaje decide vender su sombra a cambio de oro ilimitado. El comprador no es otro que el diablo, y la novela es la historia de los infortunios que vive a partir de ese momento. El propio Chamisso cuenta la génesis de la novela:

No suelo proponerme un fin al escribir. Cuando me sucede alguna anécdota trato de sacarle partido, y así ocurrió aquí. En cierto viaje había perdido el sombrero, el abrigo, los guantes, el pañuelo y todo mi equipaje. Fouqué me preguntó bromeando si no había perdido también mi sombra, y ambos nos pusimos a imaginar lo que significaría semejante desgracia. Otra vez, hojeando un libro de La Fontaine leí algo sobre un hombre que iba sacando complacientemente de su bolsillo todo cuanto le pedían los que se encontraban junto a él: pensé que, de pedírselo como Dios manda, igual podría sacar un coche de caballos de su bolsillo. Así nació la idea del Schlemihl.

La historia tiene una moraleja obvia, una lección para los niños, pero también un trasfondo: Adalbert von Chamisso fue también Louis Charles Adelaide de Chamisso: nació en Francia de familia noble, pero la Revolución Francesa los exilió en Holanda, Alemania y Prusia. Su situación como exiliado lo sitúa en la ambivalencia del extranjero: la patria se convierte en un ente difuso el cual se añora, mientras que en el país en el que se vive crecen los afectos. Al final, Adalbert von Chamisso decanta por su identidad alemana. Este devenir es el que se establece como subtexto de La insólita historia de Peter Schlemihl: una historia del desarraigo y la identidad. Al perder su sombra, Peter Schlemihl se ve obligado a separarse de los hombres, a sufrir por voluntad de Dios. A diferencia de otras historias, no hay redención en la vida de Schlemihl, pero sí aprendizaje. Para Thomas Mann, la historia es un retrato temprano del existencialismo, el cruel devenir del hombre en la Tierra –nunca un poeta supo describir una existencia ni acercarla a la sensibilidad de una forma más sencilla, vivaz y personal.

Detrás de la lección burguesa –no des más valor a las riquezas que al amor o la libertad, temática de clara influencia romantiker– hay una “transposición simbólica” (Pedro de Casso García, 1978) entre la vida del autor y su personaje. Thomas Mann escribe:

En el Peter Schlemihl, la sombra se ha convertido en el símbolo de la solidez burguesa y de los vínculos humanos. Se cita unida al dinero, como algo que uno debe venerar si quiere vivir entre los hombres, y de lo que uno sólo quiere deshacerse cuando está resuel­to a vivir en sí mismo y para lo mejor de sí mismo. A los burgueses, como se diría hoy, a los filisteos, como decía el romántico, puede aplicárseles la consigna: «Songez au solide!» Pero la ironía supone casi siempre convertir una insuficiencia en una superioridad, y todo el librito, que no es otra cosa que una descrip­ción, profundamente vivida, de las cuitas de un marginado, de un excluido, demuestra que el joven Chamisso supo valorar dolorosamente el valor de una sombra saludable.

Pertenecer, ese complejo. Lo principal de la novela no es la anécdota ni la moraleja, sino la angustia que refleja, la serie de humillaciones y fracasos que culminan con una humilde aceptación. ¿Quiénes somos? ¿Qué nos constituye? Encontrarnos, entender nuestro reflejo. A partir de estas interrogantes es que la relevancia de la novela se mantenga. Para leerla, visiten este link.

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