El arte de perdurar (o de un decálogo incompleto del escritor) – Hugo Hiriart

¿Por qué Hiriart no habla en la introducción de la segunda parte del libro? Dejo por un momento de lado esa pregunta, y me enfoco en el par+1 de clases que nos da este libro.

La primera y obvia está en la forma y construccion del ensayo (introducción), donde cita las diferentes formas del mismo desde el siglo de las luces. Esto sirve para justificar la forma, además de replicar el trabajo que va a criticar. Todos los ejemplos en esta parte son interesantes, y sirven de preámbulo para abordar desde el mismo punto de Alfonso Reyes su legado y perduración literaria.

En la segunda parte la disertación entra en materia. Las dudas sobre la entrada en la eternidad literaria se aterrizan en el caso concreto de Alfonso Reyes (lo que abre un paréntesis: mi nulo conocimiento de su obra). Esta parte es quizá la más interesante para todo aquel entusiasta: Hiriart establece el molde bajo el cual un escritor adquiere la estatura necesaria para entrar por la puerta de la eternidad:

  1. El escritor debe mostrar un estilo y voz individual, debe resaltar del resto, pronunciarse en su individualidad.
  2. Debe limitarse: evitar las correrías a lo largo, y centrarse en la profundidad de sus propias experiencias, obsesiones y traumas. Buscar emocionar a partir de las cosas que lo emocionan a él, descender y de ahí volver a subir.
  3. Debe innovar: traer algo nuevo al ambiente de las letras, transformar los registros que toca, abrir nuevas dimensiones de sentido, arriesgarse.
  4. Debe retratar la experiencia humana, conforme a su época: toda época, menciona Hiriart, tiene su retórica. La lucha del escritor debe residir en la singularización de su propia voz dentro de esta retórica, lograr resaltar las peculariedades personales dentro del marco de su tiempo.
  5. Finalmente, la maestría. El mismo Hiriart reconoce que su ensayo no es una fórmula para encontrar los elementos de la trascendentalidad, pero sí brinda un bosquejo, basado en Borges, de algunos puntos clave para lograrlo. Por sobre todo, está obviamente el talento y la maestría del escritor.

La tercera y última parte, está enfocada en lo que Hiriart llama la luz perfecta. Es quizá la parte más desconcertante, y aparentemente poco ligada al resto del ensayo. El título de esta sección deviene de la reflexión de los pintores por encontrar la luz idónea para pintar, la cual es la del atardecer, según Leonardo.

Sobre esta parte del libro, sigo meditando. Por lo pronto, dejo una entrevista con Hugo Hiriart sobre el libro (después de la intro, el audio se arregla). Como afirma Héctor Aguilar Camín en la contraportada, este libro es un referente para todo escritor que lo sea realmente.

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