Cien aforismos – Luis Cardoza y Aragón

Clara señal de mi ignorancia es el hecho de que no conociera a Luis Cardoza y Aragón, poeta guatemalteco que adopta a México como patria sustituta al salir de su país por la dictadura militar. Llegué a él por recomendación de Agustín, y debo decir que el pequeño libro que me he llevado ha despertado mi interés por conocer más de su obra.

El texto, publicado en 1997 como homenaje póstumo de la UNAM, a un lustro del deceso del Brujo, es una colección de aforismos que, en palabras de Gonzalo Celorio, son “destellos de luminosidad que obligan a retenerse en la memoria”.

Dicho esto, no puedo hacer más sino compartir algunas de estas perlas de felicidad y dicha:

Después de ver una pintura, de volver y volver a verla, hay que cerrar los ojos y contemplarla.

El pintor palpa con luz las cosas.

Todas las artes tienden a la poesía.

En donde no hay milagro no hay poesía.

Los recuerdos nacen como los niños, por un acto de amor.

Lo que se vive es finito; lo que en el recuerdo emerge, infinito.

Al amor no se llega por instinto pero sí por celeste azar.

Lo mexicano: un tono íntimo y mesurado, sobrio y rico en matices, en pasión contenida. Y lo diametralmente opuesto: la violencia pura.

México es tan fuerte, que los mexicanos no han podido acabar con él.

La vida imaginaria es la única digna de ser vivida.

El lugar común acecha, y si nos comportamos débiles, termina por vencer.

Espero que esta breve muestra pueda pertenecerles también. No hay muchas referencias del libro en Internet, lo que demuestra, parafraseando al maestro Cardoza, que aún la posteridad se equivoca.

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