Ronda del Guinardó – Juan Marsé

barcelona rambla

ronda-del-guinardo-de-juan-marsePublicada en 1984, once años después que Si te dicen que caí, Ronda del Guinardó es una nouvelle que recoge elementos de esa primera obra maestra para situarnos en una Barcelona que vive bajo la atmósfera de la Segunda Guerra Mundial. En este espacio, un policía va a un albergue a buscar a una huérfana para llevarla a identificar un cadáver. La novela es la narración de este trayecto.

El inspector tropezó consigo mismo en el umbral del sueño y se dijo adiós, pedazo de animal, vete al infierno. Desde el bordillo de la acera, antes de cruzar la calle, miró por última vez la desflecada palma amarilla y la ramita de laurel sujetas a los hierros oxidados del balcón, pudriéndose día tras día amarradas a los sueños de indulgencia y remisión que anidaban todavía en el interior del Hogar.

La niña que busca para identificar al cadáver se llama Rosita, una fregona envuelta en un mundo de kabileños y furcias, de inocencia robada -el muerto es su presunto violador-. Rosita, con trece o catorce años, no es otra más que el fantasma de la fueguiña (Si te dicen que caí), esa cotorra vivaracha capaz de embaucar con su salamería al más listo. El inspector, decepcionado y expectante, siempre a la búsqueda, nos recuerda a esos otros héroes de la guerra civil española. En todo momento destacan elementos que unen a una y otra novela: los aventis, los tebeos, la podredumbre, la sexualidad en medio de la inocencia.

La trama, en este caso, no sorprende como lo hace la novela previa ya mencionada, ni tampoco resaltan juegos estilísticos o de estructura. El relato cumple su cometido, no sin llevarnos hacia una profundidad desoladora, llena de ambiguedades a momentos, que no hacen sino crecer la atmósfera a la que Marsé nos tiene acostumbrados.

-Ya está -dijo Rosita espiando las caras sucias de los hermanos Jara sentados en la escalera-. Ya os ha venido. -A mi todavía no -dijo el más pequeño con la voz mimosa-. Espera, Rosi. Bonita. Salada. -Qué lento eres -protestó ella-. Se te va a dormir la mano. -De eso nada. Mira. -Que me da el repelús, Perico. Date prisa. ¡Piensa! ¡Piensa en la Pili!

¿Qué ven los niños? ¿Qué están haciendo? La escena es clara, más no evidente. Hay aquí la nostalgia de calles perdidas, de una inocencia violada. España, sin duda, era otra, el franquismo había transformado el ambiente en un juego de sospechas y recriminaciones.

Después de leer Si te dicen que caí, Ronda del Guinardó es una continuación fresca de ese momento, llena de nostalgia y miseria, viaje por el dolor de dos personajes envueltos en la caída de sus mundos ardiendo.

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