One hundred apocalypses and other stories – Lucy Corin

apocalipsis

De acuerdo a renombrados expertos, los apocalipsis, las utopías y la permanencia del capitalismo se deben al fracaso cultural de la imaginación

Sabiduría convencional, Lucy Corin

lucy corinOne hundred apocalypses and other stories es el último libro de cuentos de la escritora estadounidense Lucy Corin. Tres relatos (Ojos de perros, Locos y Godzilla contra el monstruo de Smog) acompañan a cien ficciones cortas alrededor del tema del fin del mundo. El Apocalipsis de San Juan toma tres posibilidades: el fin del mundo personal, el fin de la civilización y la vida post-apocalíptica.

Más que ser un libro de ciencia ficción –la literatura de las posibilidades del tiempo, el universo y la ciencia–, One hundred apocalypses and other stories es una indagación del hombre frente a la aparente frontera que una sola palabra –Apocalipsis– ha engendrado en su mente: el fin de todo lo que conoce. En la visión de Corin, sin embargo, el fin no es sino un estadío más en nuestro mal hábito de persistir. Entre todas las historias, Locos (Madmen, por su nombre en inglés) es quizás la más cautivante: una chica, a partir de su primera menstruación, es llevada a un sanatorio mental para que adopte a un enfermo mental.

Mientras me bañaba pensé en mi loco. Los días eran cada vez más calurosos, por lo que habría más de dónde escoger. El fin de semana, en el cumpleaños de mi amiga Carrie, nos dijimos nuestro futuro a partir de un cuestionario que encontramos en Internet. Su loco no participó pero leímos las generalidades acerca de él. Para qué tipo de casa yo contesté Casa en el árbol, Casa en un bote, Mansión en Malibú y para la opción arriesgada, Cobertizo. Si no contestas una opción arriesgada, reduce la confiabilidad de la prueba. Para el tipo de trabajo contesté Paracaidista, Científico Famoso, Instructor de Ala Delta y Paz Mundial –que no es un trabajo, pero la intención es lo que cuenta. Sobre con quién me iba a casar puse Anthony, Nadie, Una Lesbiana y Tu mamá. Para mascota puse Tu mamá, Una Jirafa, Una granja de hormigas y Cangrejos. Estaba tomándolo tan a  la ligera que para el momento en que llegamos al auto, yo sé que nunca voy a tener un auto, contesté Cualquier cosa, Un platillo volador, Argh!!! y A quién le importa, mis padres nunca me van a comprar un auto (aunque la página solamente admite veinte caracteres y terminó siendo A quién le importa,). El punto es que me puse seria con la pregunta sobre el loco. Aún los chicos que parece que no les importa nada sobre su loco están fingiendo. Sí les importa.

Para la protagonista, el momento tiene mucho de especial, aunque como lectores no terminamos de entender el por qué. ¿Qué tipo de sociedad es esta? ¿Por qué los chicos, hombres y mujeres, llegada su pubertad, tienen que emprender este rito de paso? Las respuestas no son claras, pero se sugieren: la adopción de un loco tiene que ver con dos hitos: su recuperación –la posibilidad de que regresen de la neblina en la que se encuentran– así como el contacto –y aprendizaje– entre el joven y un tipo distinto de experiencia –que raya en lo místico, no por nada el relato utiliza párrafos y collages de Seeing the insane de Sander L. Gilman e Historia de la Locura de Michel Foucault.

La tradición norteamericana del iceberg tiene en Corin una manifestación más personal: sobresale el diálogo interno –a diferencia de Hemingway o Carver  antes mencionados, que se enfocan más en las situaciones– que evita explicarlo todo: los personajes rara vez son capaces de articular la complejidad de la historia, sus ideas son pinceladas de luz en un momento poco claro. La lectura exige, entonces, intuiciones y apropiaciones distintas. Todo tiene que ver con una visión de Corin alrededor de la narrativa:

Me parece que la gente siempre está en guerra y que solamente hay algunos momentos de paz. He estado pensando, entonces, que resulta extraño que las novelas empiecen y terminen con un enlentecimiento. En este sentido, la estasis es el artificio, no el cambio, ni el conflicto, ni el drama o la discordia. Los relatos cortos, por otro lado, generalmente terminan con un reconocimiento profundo de una desaveniencia que ha estado presente todo el tiempo ahí, sin ser reconocida, y eso me parece un enfoque más realista que el de estasis – conflicto – estasis.

El efecto que generan las historias cortas de Lucy es similar al que sucede cuando cerramos los ojos, ¿acaso el mundo no termina cuando  no hay nadie que lo mire? Así, el lector se enfrenta a diversos límites todo el tiempo: un concierto de rock después del apocalipsis, un noviazgo, un perro que se extraña. Como diría Cortázar, lo cotidiano a veces encierra lo más complejo de la existencia. Para un par de entrevistas con la autora, consulten Flaunt Magazine y The Rumpus. Un artículo sobre el soundtrack del libro puede ser consultada aquí.

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