Movimiento perpetuo – Augusto Monterroso

dinosaurio

Del libro híbrido, collage, misceláneo, he escrito aquí (Georges Perros) y aquí (Walter Benjamin). Los géneros literarios son cárceles y acotar los libros a ellos resulta absurdo: es un intento por ordenar el mundo, pero si algo sabemos es que el mundo es mucho más complejo de lo que queremos admitir. En este sentido, Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso, es un libro que se resiste a la clasificación y que resulta en un ejercicio interesante de cuento y ensayo personal cuyo eje rector es, curiosamente, la mosca:

Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres. Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca. La sigo teniendo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una empresa prácticamente infinita. La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca.

Las ideas zumban, vuelan  y se posan en el libro como pequeñas notas, narraciones, epígrafes y apuntes. Si no se atrapan al vuelo, se pierden por la ventana. El libro, entonces, es una colección versátil en la que se encuentra por igual un ensayo sobre Borges, que un texto irónico sobre la “fuga de cerebros” de Latinoamérica. La inteligencia del guatemalteco sorprende en cada uno de los textos, pero acaso se sintetiza en su exquisito humor. Andrés Neuman, a diez años de su muerte, escribió:

Quizá no casualmente, humor e inteligencia son dos formas de leer entre líneas. A caballo entre el ensayismo bonsái y la micronarrativa, todo texto de Monterroso contiene un género y su parodia. Los motivos de esa confrontación interna tienen que ver sin duda con una poética, pero también con una actitud. A diferencia de quienes consideran que un ceño fruncido es signo de genialidad, Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921 – Ciudad de México, 7 de febrero de 2003) no aspiraba a exhibir su conocimiento, sino a desconfiar de él.

¿Por qué esta desconfianza? Tal vez la modestia es otra de las formas de la timidez. En el caso Monterroso, hablar de su humor es hablar también de esa faceta melancólica del guatemalteco.

El humor y la timidez generalmente se dan juntos. Tú no eres una excepción. El humor es una máscara y la timidez otra. No dejes que te quiten las dos al mismo tiempo.

La vida duele, por tanto hay que reírse de ella. En el texto “Homenaje a Masoch“, Monterroso retrata a un hombre que, recién divorciado, se carcajea con sus amigos contando chistes hasta que regresa a casa y se pone a leer a Dostoyevsky. Con Brahms de fondo, termina llorando amargamente. La historia parece decirnos que la vraie vie está en ese juego de espejos, las empresas de los hombres, risibles y ridículas, y del otro lado la literatura.

Pese a tomarse tan poco en serio, Monterroso fue seleccionado en 2000 con el Premio Príncipe de Asturias.  En el discurso de aceptación, confiesa:

Comoquiera que sea, es cierto que prácticamente toda mi obra ha consistido en el acercamiento a dos especialidades hoy alejadas de los reflectores y el bullicio, si bien nada modestas en cuanto a su prosapia: el cuento y el ensayo personal, variando en ocasiones de tal manera sus formas y sentido que algunos comentaristas hablan, refiriéndose a aquélla, de transposición de géneros, cuando no de invasión de unos a otros, lo que vendría a dar un nuevo sesgo a nuestros acostumbrados modos de expresión literaria. Algo se ha dicho también de la brevedad en esta obra, y, como si lo anterior fuera poco, del humor y la ironía en ella, haciendo que yo me pregunte: ¿de verdad cabrá todo eso en el reducido espacio que ocupa? Bueno, el campo de la literatura es tan amplio que en él caben hasta las cosas más pequeñas.

Lo que omite decir es que las pequeñas cosas –Luigi Amara describiría a Monterroso, en su texto “Quince islas para el ensayo en México“, como “prosa breve y de rara intensidad”– son las que esconden muchas veces al universo.

En un tema relacionado, consulten estas bonitas adaptaciones de “El dinosaurio” hechas por Frank Arbelo.

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