Los posnucleares – Lola Arias

No me acuerdo cuándo fue que comencé a llamarlos los posnucleares. Pero sé que les puse ese nombre porque parecen sobrevivientes de una guerra nuclear futura. De pie frente a la avenida con el pelo movido por el viento de los autos que pasan, dan la sensación de que miran hacia el pasado, que recuerdan un mundo que ya no existe.

Tal vez la mayor virtud de este libro sea su mayor defecto: la honestidad con la que la autora narra una serie de estampas sobre la vida cotidiana. No hay sorpresa en los relatos pero sí hay, como contraparte, el retrato de la soledad de nuestro siglo. Se lleva a lo cotidiano al extremo para sumergirnos en el abismo de las relaciones humanas, la soledad y la sexualidad.

El libro da la sensación de escarbar en la vida de la autora: realidad y ficción mezclados en relatos que tienen, en muchos de ellos, a Lola por protagonista. Curiosamente, los que se escapan de esta línea son los menos logrados (Lisa K. y H). Se advierte esta intersección ficción-realidad por algunas manías que repiten los cuentos, por ejemplo, el hecho de “escuchar el corazón como una bomba de tiempo” que impide dormir (El hombre que duerme, La enamoradiza), o la narración de actos sexuales donde el placer o el amor transcurren en una dimensión no nombrada, si acaso inexistente.

Excelente lectura para pasar el tiempo, aunque un libro prescindible dentro la narrativa argentina actual.

Como nota biográfica, Lola Arias es dramaturga y cantante, e incursiona con este libro en el ámbito de la narrativa. Poseedora de una gran herencia, falta ver cómo Lola logra consolidar su carrera literaria en aras de una propuesta formal que la separe de sus paisanos, en este momento, mucho más sólidos en cuanto a su oferta literaria.

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