La última escala del Tramp Steamer – Álvaro Mutis

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La última escala del Tramp SteamerÁlvaro Mutis es un escritor y poeta colombiano, de esa estirpe de escritores que, muy temprano en su juventud, estuvo cerca de los viajes gracias al trabajo diplomático de su padre. Esta experiencia, sin duda, trasmina en La última escala del Tramp Steamer, novela que amalgama dos lecturas conocidas: la caída de la Casa Usher y el Corazón de las tinieblas.

La trama es la siguiente: el protagonista viaja a Helsinki para asistir a una reunión de “expertos en publicaciones internas de las compañías petroleras”. En la ciudad, decide ir al puerto para divisar la ciudad desde uno de los peñascos que recibe a las embarcaciones que llegan. Ahí, por vez primera, ve al Tramp Steamer:

Entró de repente en el campo de mi vista, con lentitud de saurio malherido. No podía dar crédito a mis ojos. Con la esplendente maravilla de San Petersburgo al fondo, el pobre carguero iba invadiendo el ámbito con sus costados llenos de pringosas huellas de óxido y basura que llegaban hasta la línea de flotación. El puente de mando y, en la cubierta, la hilera de camarotes destinados a los tripulantes y a ocasionales pasajeros, habían sido pintados de blanco en una época muy lejana. Ahora, una capa de mugre, de aceite y de orín les daba un color indefinido, el color de la miseria, de la irreparable decadencia, de un uso desesperado e incesante.

El barco deja en el protagonista una imagen memorable, como hemos leído antes. Es el eterno fantasma, el perdedor errante. La nota no trascendería si no hiciera su aparición el azar: vuelve a encontrar al Tramp Steamer en otros viajes: Costa Rica y Jamaica. La casualidad es el principio del desastre.

A un tercio de la novela los encuentros con el Tramp Steamer cesan. Nuestro protagonista desciende por el río Orinoco cuando conoce a Jon Iturri, vasco, capitán del barco en el que van. No es una sorpresa que descubramos que Jon era el capitán del Tramp Steamer. Pese a que tantas coincidencias pueden parecer poco verosímiles, Mutis aleja la atención de ese momento para detallar la historia oculta del fantasma que hemos visto antes. Es ahí cuando el relato de Iturri se acerca al de Conrad: las descripciones del río, la obscuridad que los rodea, la sensación del agua en el relato. Estos elementos, más la historia de amor que relata Iturri, dan lugar a una novela bastante buena:

Así que el pobre Tramp Steamer, que durante varios años ni siquiera nombre completo llevaba en la popa, acabó siendo para usted casi tan cercano y obsesivo como lo fue para mí. Sólo que, en mi caso, por esa rendija se me escapó la vida. La vida que quise vivir, es claro. Ésta de ahora es una tarea en donde sólo pongo el cuerpo. No es lo que lo hubiera perdido todo. Es que perdía lo único por lo que valía la pena seguir apostando contra la muerte.

Del resto, únicamente vale la pena decir que, como las grandes historias de amor que el mismo protagonista refiere al inicio –transitorias e imposibles, (…) desde Príamo y Tisbe hasta Marcel y Albertine, pasando por Tristán e Isolda–, esta es una historia triste de lo fugaz del amor y de lo largo que resulta el olvido, como escribiera en su momento Neruda.

Nos quedaba aún la siguiente antes de arribar a nuestro destino. No era, por otra parte, difícil deducir cómo había terminado todo para él. No para satisfacer mi curiosidad, sino más bien para darle oportunidad de exorcisar los fantasmas que debían torturar su alma de vasco introvertido y sensible, le comprometí a que la noche siguiente me contara el final de su historia. “Las historias –me contestó– no tienen final, amigo. Ésta que me ha sucedido terminará cuando yo termine y quién sabe si tal vez, entonces, continúe viviendo en otros seres”.

Como nota al pie, Álvaro Mutis fue detenido en México por la Interpol e internado durante 15 meses en la cárcel de Lecumberri, más conocida como “El palacio negro”. Su experiencia en la cárcel cambió del todo su visión del dolor y del sufrimiento humano. De ahí escribió Diario de Lecumberri.

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