Êtes-vous fous? – René Crevel

¿Sus ojos? Estrellas que se extinguen, dos fuegos fatuos que regresan al establo. Con transparencias de recuerdos, de ácidas raspaduras de cielo y residuos de astros, intenta, a pesar de todo, recomponerse una cara: su cara, a la que sigue un cuello; un cuello… y así sucesivamente, pero sus propios trozos se unen mal, no parecen hechos los unos para los otros.

De su carne, de sus voluntades, sólo quedan jirones de niebla, tajadas de tortícolis. La mujer de piedra, la pétrea, condesciende a apiadarse de él.

“Esta madrugada he soñado contigo y he llorado…”

Ella ha soñado y ha llorado.

¡Así es la piedad! Una mirada que alcanza demasiado lejos, la puesta en escena de la voz, y sobre todo esas palabras, tan socarronas… La piedad, más hipócrita, más indignante que las Naciones Unidas, la policía, las coliflores, los tirantes, las enfermedades venéreas, el papel de lija y los sujeta calcetines.

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