El viajero del tiempo – Alberto Chimal

El Viajero del Tiempo colecciona demostraciones de imposibilidad (p.e. del vuelo de los abejorros, la felicidad o el viaje por el tiempo).

Antes de leer sobre este libro, deberían antes leer este artículo: Tolstoi descubre las cualidades de la minificción.

Luego, deberían buscar el libro en FCE o alguna otra librería de confianza. Para dimensionar este ejercicio, retomo algunos puntos del artículo del propio Chimal:

Andrés Ibáñez publica en 2009 un texto con­tra la minific­ción, acusándola de ser sólo un chiste sin mayor mérito, una ocur­ren­cia que pre­fieren quienes no quieren o no pueden esforzarse en escribir algo más mer­i­to­rio, es decir, una nov­ela.

“Los micror­re­latos, en efecto, son muy abur­ri­dos. Y no es ese, prob­a­ble­mente, el peor de sus defec­tos. Me atrevería a decir que los micror­re­latos son a la lit­er­atura lo que un sobrecito de ketchup es a la ali­mentación humana. En otras pal­abras, que los micror­re­latos no son en real­i­dad lit­er­atura porque no son, en real­i­dad, nada. No son un género lit­er­ario. No son un relato muy breve. No son “el resul­tado de una enorme depu­ración expre­siva”. En el 99.99 por ciento de los casos no son más que chor­radas. Y chor­radas llenas de clichés, además. Micror­re­lato: la mín­ima exten­sión que puede alcan­zar una obra lit­er­aria de cal­i­dad pésima.”

En su defensa, Chimal plantea un punto que sirve de justificación para su propia obra:

Hay algo que Ibáñez, y algu­nas de las (pocas) per­sonas que lo defendieron razon­able­mente, no tienen en cuenta en ningún momento: la may­oría de las minific­ciones que valen la pena exis­ten acom­pañadas, pero no de un aparato de lec­tura a modo, sino de otras minific­ciones: se escriben y se pub­li­can en series y su propósito no es que ten­gan la con­tun­den­cia de un cuento tradi­cional sino que logren, por acu­mu­lación, una impre­sión de vastedad dis­tinta a la que logra una nov­ela: la de las varia­ciones que se pueden crear sobre un con­cepto, una idea, una ref­er­en­cia inter­tex­tual, un tema.

De esto va el Viajero del Tiempo: una acumulación de relatos que tuvieron en su origen los 140 caracteres de Twitter, pero que ahora viven en un aparato dividido en 6 capítulos y tiempos y posibilidades infinitas.

Creo que el ejercicio es interesante y conviene echarle un ojo a un escritor que ha sabido romper los cánones tradicionales de formas y motivos en la literatura mexicana actual, para ofrecernos una propuesta diferente en cuanto a la concepción de la literatura, el hombre y el tiempo.

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