Carta a Roberto Wong – Daniel Ancheyta @elancheyta

ancheyta y yo

Verá usted. Lo único que necesito es que alguien me lea y que me escuche. Eso no me preocupa, porque sé que pronto me leerán. No he dimensionado las consecuencias que ello podría acarrear, pero no reparo mucho en ello.  Escribo porque lo necesito, porque esta realidad no me basta y necesito estar constantemente imaginando escenarios, algunos un poco descabellados, otros no tanto. Posibilidades. Las actuales no me bastan, ni me sirven.

El caso es que tengo la atención rota, fragmentada. Mi cabeza está en varios lados y eso no puedo remediarlo. Por los siglos de los siglos amén. Por eso mismo digo que mi problema, el principal, es que tengo un cuento atorado en la cabeza. Dicen que un libro. Yo mismo lo dudo, porque no es mi naturaleza, aunque agradezco que otros crean en mí.

El problema es que éste impasse parece no tener fin. Eso comienza a preocuparme, porque tengo el estómago roto. ¿Cuánto tiempo más aguantará remendado? Eso no lo sé, eso nadie lo sabe, ni el médico que me dice lo que yo quiero escuchar y que me receta consuelos a corto, mediano y largo plazo.

Por eso a mis casi 32 años me pregunto, ¿de dónde proviene este estado de insatisfacción permanente? Porque esta generación se siente poco valorada,  desaprovechada, porque se siente estancada, porque se muere de la nostalgia de lo que pudo haber sido, pero nunca fue.

¿En dónde quedó todo ese espíritu de ir a París y perderme en sus calles? ¿En dónde quedo ese espíritu de poder dejar todo a un lado, corbata, compromisos, seguros de vida, seguros de gastos médicos, en suma, falsas certezas de que vamos por el camino adecuado?

En algún lado habrá quedado. Me niego a pensar que ha muerto. A mis casi 32 estoy seguro que algo va a pasar que cambie de manera considerable y tal vez definitiva el curso de las cosas que, desde luego, poco tiene que ver con corbatas, compromisos, bodas, anillos, viajes de bodas, seguros de vidas, seguros de gastos médicos, antiácidos y todas esas falsas certezas.

Por los siglos de los siglos, amén.

Ancheyta

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