Apuntes de la vida cotidiana no. 161214

Días intensos, días que no terminan de tener sentido. No encuentro nada más doloroso que escuchar a padres y madres gritar a quien sea que los escuche: vivos se los llevaron, vivos los queremos. Pero están muertos. En México a la muerte se le ha dado permiso y avanza por las calles, penetra en todas las cosas. Antes arrinconada en la nota roja, en lo risible de los tabloides, ahora su potencia impacta nuestras redes sociales, nuestra experiencia directa en anécdotas, en traumas. Dice Bifo en la conversación que tuvo en México: “¿cómo podemos sobrevivir?“.

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Reinventar la vida parece una imposibilidad ante estos y otros eventos que nos asfixian a diario. Otro mundo es posible y, más aún, necesario. El reducto que me queda, que yo tengo, son las letras.  Necesito seguir.

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Y sí, pero siempre hay un precio que pagar. Nunca lo he dicho, pero yo dejé a mi primera novia por la literatura. Quiero ser escritor, le dije, y la dejé sentada en la sala de su casa mirándome la espalda. Tenía 22 años. Desde esa vez he dejado muchas cosas y no me arrepiento. Desear ser escritor es lo mejor que pude desear en mi vida, pero no olvido que he dejado muchas cosas.

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Pensemos en Borges, la cúspide de la literatura en español. Existen, en su obra, todos los mundos. No hay, sin embargo, sensualidad alguna. Nunca se puede tener todo:

Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

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Todo puede fallar, dice Martín Cristal en Las Ostras:

Los hombres y las mujeres, sus órganos o su memoria, su lengua, sus actos. Pueden fallar los animales y sus sentidos, las máquinas y su repetición, las teorías sobre galaxias o planetas, las fuerzas, los sistemas, el antivirus, la puntería de los delanteros, la corazonada de los apostadores, el electricista que promete venir y nunca viene. Pueden fallar los cálculos más simples, los tratamientos indicados, los últimos intentos, los planes infalibles: todo puede fallar si antes se ha generado alguna especie de expectativa.

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Todo puede fallar y fallará. Y aún así, seguir.

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