Partir para contar es la crónica del viaje de Mahmud Traoré hacia Europa —el trayecto le costaría tres años de su vida. El libro recorre el momento en el que toma la decisión de partir, hasta la serie de infortunios que culminan con el cruce de la frontera en Ceuta en 2005 —año en el que, movidos por la desesperación, 600 migrantes de distintos países de África cruzan al mismo tiempo la frontera. Atrás parecen quedar los robos, las extorsiones, los golpes. Al llegar a Sevilla, sin embargo, Traoré se da cuenta que la situación de vida en Europa ha sido romantizada: ni se gana tanto dinero como se ha dicho ni se escapa del racismo y los malos tratos que ha visto, repetidos hasta la náusea, en cada punto del trayecto. Traoré describe:

Aquella mañana, mientras me alejo después de haber presentado la dimisión, me entra el agobio: ¿Tiene sentido tu vida aquí, Mahmud? No tienes derecho a trabajar; no tienes derecho a nada. Todo lo que haces es ilegal, tú mismo eres ilegal. Ni siquiera puedes pasear tranquilamente por las calles.

El libro es una radiografía de todos los males a los que un migrante está expuesto: el robo, el secuestro, la violación, la muerte, hasta otros menos tangibles en la carne, pero igual de dolorosos —Traoré habla, por ejemplo, del dolor del inmigrante de regresar a su país “derrotado”, esto es, sin haber hecho suficiente dinero en Europa.

Dedico el primer día a recorrer el pueblo para saludar a cada familia. Me fijo en varias casas de ladrillo, con su tejado de zinc: cuando yo me fui todas eran de adobe y paja. También se ha construido un pequeño estadio de fútbol con el dinero enviado por los emigrantes. Las mujeres me encuentran más delgado y me aconsejan que le eche picante a la comida para que se me abra el apetito. Creen que estoy enfermo y se entristecen al verme: les recuerdo a mi madre. «Este chico se fue a la aventura y perdió a su mamá, pobrecito». A mi paso, recitn un refrán fulani que dice poco más o menos así: «Ella plantó un mango, lo vio crecer y florecer, pero la muerte se la llevó antes de poder probar sus frutos».

Hay, pese a todo esto, cierta esperanza, aquella que ofrecen todas esas personas que, a lo largo del camino, son capaces de tender una mano. Bruno le Dantec, que prestó su oído a Traoré y articuló su experiencia en el formato de este libro, concluye en el postfacio:

El dominio del dinero sobre todos los aspectos de la vida nos vuelve cada vez más desposeídos, extraños a nosotros mismos, incluso cuando residimos en el lugar que nacimos. Y si a partir de esta constatación, nos planteamos unas relaciones sociales basadas en la libre asociación, nos percataremos de que el camino de regreso del exilio está por recorrer para todos los seres humanos, tanto del norte como del sur.

Un libro indispensable.

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Hablamos de este y otros temas en nuestro podcast sobre Migración:

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