Los niños perdidos es un libro clave para entender lo que sucede en la frontera sur de los Estados Unidos. Lo primero que hay que comprender es que no es un problema nuevo: desde 2014 la crisis migratoria se ha agravado debido a un incremento en el flujo de personas de México y Centroamérica hacia los Estados Unidos.

Las causas se pueden situar bajo la sombra del narcotráfico, que generó una escalada de violencia en México y el triángulo del norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) y originó el desplazamiento de cientos de miles —se estima que en 2015, 110 mil personas abandonaron sus comunidades en Centroamérica para probar su suerte en Estados Unidos. Entre muchos de los que migraron se encuentran menores de edad, “niños perdidos” que llegan a los EUA gracias a que algún familiar ha logrado reunir el dinero suficiente para pagar a algún coyote que los lleve hasta la frontera.

“¿Por qué viniste a los Estados Unidos?”. Las respuestas de los niños varían, aunque casi siempre apuntan hacia el reencuentro con un padre, una madre, o un pariente que emigró a Estados Unidos antes que ellos. Otras veces, las respuestas de los niños tienen que ver no con la situación a la que llegan sino con aquella de la que están tratando de escapar: violencia extrema, persecución y coerción a manos de pandillas y bandas criminales, abuso mental y físico, trabajo forzoso. No es tanto el sueño americano en abstracto lo que los mueve, sino la más modesta pero urgente aspiración de despertarse de la pesadilla en la que muchos de ellos nacieron.

Al cruzar la frontera, la mayoría de los menores de edad se entregan a “la migra”, esto es, la policía fronteriza. En ese momento comienza la historia de este libro, en otras palabras, el proceso legal bajo el que se decidirá la suerte de estos niños.

Valeria Luiselli, quien en 2015 se involucraría como traductora de muchos de estos casos, escribe un ensayo sobre los por qués, los qués y los cómos de los niños que llegan a Estados Unidos buscando una oportunidad —no es una segunda oportunidad, porque ni siquiera tuvieron la primera.

El relato es desgarrador, no solo por la situación de violencia o abandono de la que escapan estos pequeños —“80% de las mujeres y niñas que cruzan el territorio mexicano para llegar a la frontera con EUA son violadas en el camino”—, sino también por el laberinto legal al que se enfrentan y la incapacidad de los chicos de sortearlo. Escribe Luiselli:

El cuestionario de los niños produce el negativo de una vida, un negativo que va a esperar en la oscuridad hasta que alguien lo pesque del fondo de un archivo y lo exponga a la luz.

Parte de esa luz llega con este libro, retrato de un problema en el que, tristemente, los niños pierden gran parte de su infancia. Abordo el tema más a fondo en el siguiente podcast:

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