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Sigo con Girona En medio de la guerra, una familia yugoslava pasa del fascismo al comunismo y de la esperanza al desencanto al mismo tiempo que el protagonista abandona la niñez. La novela de Ćosić es como un desfile vertiginoso en el que vemos pasar a una familia histérica y entrañable entre las ruinas de la historia: "La vida en familia se parecía a una película, emocionante, insólita, a veces bastante aburrida. La vida en familia evocaba sin cesar una historia leída hacía ya tiempo, olvidada, con pasajes oscuros. La vida en familia se componía de acontecimientos (...); los acontecimientos que sucedían en familia se llamaban <vida>, una palabra muchas veces usada y pocas comprendida". Publicada en 1969 por primera vez en una edición artesanal, el libro se convirtió en poco tiempo en una novela de culto al hablar de una época de caos y miedo y, en medio de esto, el humor como única salvación posible. Avalancha "¿Cuál es el límite si ya no tienes piel?
Y si ya no tienes pies
entre doler y hacer ¿qué se camina?
el cerco es solo una sala de espera 
y las salas de espera son, 
por definición,
habitaciones al borde del vacío.
vine solita a arrancarme las orillas."
Chapbook de Macky Chuca. A estas alturas tal vez ya sea inconseguible —yo guardo tres copias, por si un día necesito alguna de ellas.

Turgueniev, escritor, novelista y dramaturgo, es considerado uno de los narradores rusos más importantes del siglo XIX.

…¡Gógol ha muerto!…¿qué corazón ruso no se conmociona por estas tres palabras?…Se ha ido, el hombre que ahora tiene el derecho, el amargo derecho que nos da la muerte, de ser llamado grande….”

Iván Turguénev (1852)

Los rusos tienen algo. Será acaso, simple y en extremo complejo, una sensibilidad distinta. Será aquel vacío, aquellos parajes, el frío, la naturaleza, el alma. Será, tal vez, esa sed por algo más grande. Mucho más grande. Sea lo que sea, leerlos es entender un poco más de la vida. Ganar un poco más ese derecho a llamarnos “humanos”, como apunta Gabriel.

Clara Mílich es una historia corta que publicó poco antes de morir. La premisa es la siguiente: una mujer se enamora de Iákov Arátov, un joven de unos veinticinco años volcado en sus estudios. El amor los sorprende a ambos. A ella, como una cruel espera; a él, como una tormenta, un relámpago. A través del punto de vista de Arátov, Turgueniev nos brinda un emotivo retrato del amor, de la dualidad razón – sentimientos, donde al final el amor, esa energía vital, triunfa, incluso sobre la muerte.

En el final de su vida, Turguénev residió poco en Rusia, prefiriendo Baden-Baden o París, desde que conoció en el teatro Mariinski de San Petersburgo a la cantante española Paulina García de Viardot o Pauline García-Viardot, por quien abandonaría Rusia para establecerse en Francia y por cuyo amor estuvo preso hasta el fin de sus días.

Clara Mílich sugiere notas autobiográficas: ambos enamorados de una artista, un amor inconcluso, el carácter de Arátov como el mismo que Turgueniev. Pese a estas semejanzas, o coincidencias, el relato es llevado con una maestría espectacular, con arcos narrativos que mantienen la breve tensión en el lector: el encuentro con Clara, la carta, el viaje a Kazán, el encuentro con Anna, y el final sobrenatural.

En breves páginas, Turgueniev nos da una lección de cómo llevar una narración. En el subtexto, yace el anhelo de toda vida humana: trascender el espacio físico a partir del encuentro con el alma gemela -el banquete, de Platón-. Para algunos, Clara Mílich se liga al  vampirismo, por la idea del amor sobre la muerte.

Clara Mílich es un relato de corte sobrenatural basado en el misterioso poder de la muerte y el amor. La “desdichada Clara, insensata Clara” recrea, en su trágica pureza, el arquetipo femenino dominante en buena parte de las mejores novelas del XIX. Joven decidida a poseer al ser amado incluso más allá de la muerte, pese al carácter sentimentalmente obtuso de aquél, su figura evoca la trascendencia de los sentimientos más puros en los sueños y alucinaciones del perplejo y, finalmente, redimido Arátov.

Entrelectores.

Sea cual sea la lectura, Clara Mílich es técnicamente perfecto, y una lectura corta indispensable.

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