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"Hasta que pase un huracán" es la historia de una chica que decide ser extranjera. Para lograrlo, se convierte en aeromoza y vuela a Miami con la esperanza de encontrar a un hombre que le de la ciudadanía. El sueño que la mueve es gris y la novela no es sino una serie de desencuentros: el novio del colegio, un chulo en Miami y el capitán del avión en el que trabaja. El desapego y cinismo del narrador es impresionante —en un momento se cuenta una historia: "había una vez una princesa dulce y buena, que tenía un solo defecto: no sabía distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo horrendo"—, pocas cosas la tocan y el texto pareciera ser sino el retrato de esa Latinoamerica seducida por Miami. Al inicio de la novela la narradora dice: "uno siempre espera demasiado". Tal vez, producto de esta lección, abandona su proyecto y se dedica a cuidar a un viejo en un lugar de finas olas y viento como un chillido frío y un horizonte vacío y nada más. Bill Viola fue uno de los padres del videoarte en los 70. El Palazzo Strozzi, en Florencia, organizó una muestra de aquellas obras de Viola inspiradas por el Renacimiento italiano. Es interesante constatar sus fuentes de inspiración: en la fotografía se aprecia, antes de entrar a la proyección, la pintura "Diluvio" de Paolo Uccello. La obra de Viola lleva el mismo título y muestra un edificio en el que todo transcurre como siempre: la gente pasa, se muda, conversa, come, ríe, etc., hasta que el diluvio comienza. Viola subvierte el recorrido del agua: el espacio interior es ahora del que mana el agua incontrolable. La gente, en el video, es arrastrada por ella hasta la calle. La manera en que ambas obras han sido curadas da la sensación de entrar en una iglesia. En ella, el pavor —tanto en Uccello como en Viola— emerge en tanto se confirma nuestro temor: el juicio es real y no hay salvación. En 1974 Viola vivió en Florencia trabajando en la galería art/tapes/22. No es de extrañar entonces que el artista absorbiera de las obras florentinas algunos de sus temas: la vida y la muerte; la condenación y la redención; el renacer; en síntesis, motivos que hacen cuestionarnos ideas como la permanencia o la salvación. Si bien la exhibición contrapone conceptos, también brinda un espacio para el diálogo entre el arte clásico y el contemporáneo, entre la pintura y el video. Un gran acierto. Vernazza, uno de los pueblos más populares de Cinque Terre, es quizá el único que todavía mantiene esa aura de pueblo pescador, aunque sea tan solo por el folclor y el turismo —en toda la zona la principal fuente de ingresos son los turistas. En octubre de 2011 fuertes lluvias ocasionaron un deslave que cubrió gran parte de la playa que ven en la foto. El pueblo fue evacuado y permaneció en estado de emergencia por varios meses. Vale la pena visitar la Iglesia de Santa Margarita de Antioquia, construida a orillas del mar ya que, supuestamente, se encontraron ahí las falanges de un dedo de Santa Margarita. Ya saben cómo se las gastan. Edward Bunker es parte de ese grupo de escritores en el que encontramos a Villon, Genet, Jack Black y Borroughs, es decir, el de los bajos fondos. Todos ellos han vivido en este mundo y, al escribir de él, no lo han hecho desde la imaginación. En este sentido, el conocimiento de los códigos y la naturaleza criminal da especial viveza a obras como "Perro come perro". En esta novela, Troy, un criminal recién salido de la cárcel, planea un par de golpes que le permitan retirarse. Para esto, recluta a sus antiguos socios: Diesel, un fortachón de 120 kilos que trabaja como matón de la mafia en San Francisco, y Mad Dog, un yunkie desquiciado. El primer golpe funciona bien, pero el segundo es un desastre. Más allá de la anécdota criminal, la novela es un retrato de los lazos del crimen organizado y las dificultades de un hombre al salir de la cárcel —hay un momento en el que Troy se queja de tener que aguantar las ganas de orinar: en la cárcel tienes el retrete al lado todo el tiempo. Detalles como éste dan una vida especial al libro. Al final, como en cualquier otra historia humana, no hay redención, tan solo esa sensación inacabada de haber estado cerca, muy cerca, de eso que se deseaba. Dice José Ovejero en un artículo que "quizá el atractivo del escritor que ha estado en la cárcel resida en que le suponemos una vida mucho más interesante que la nuestra, de la que queremos que nos haga partícipes". Es posible: el criminal no es otra cosa que el recuerdo del mito luciferino: la libertad absoluta sobre cualquier otra cosa. Fui a la famosa Cinque Terre, nombre que engloba 5 pueblos en la región de Liguria, Italia. Las casas, construidas en los límites de las colinas, recuerdan el paisaje de las favelas en Río: precariedad, goce y colorido. Riomaggiore es el primero de los cinco pueblos si se viene de La Spezia —ciudad situada al sur de la región— y destaca por su vino, cultivado en diminutas parcelas a lo largo de sus colinas. En 1999 la región fue convertida en un parque nacional, lo que explica el limitado avance de los grandes conglomerados. La zona, transitable por diminutas carreteras o bien un tren que cruza la costa, recuerda que el ser humano realmente necesita poco: un techo, comida y un paisaje infinito. Otra foto de Lucca: al centro está la plaza construida en el siglo XIX por el arquitecto Lorenzo Nottolini. La serie de edificios dispuestos en forma elíptica están construidos sobre las ruinas de un antiguo anfiteatro romano. La plaza nació en el Siglo II DC y fue llamada "parlascio", una deformación de la palabra latina paralisium ("teatro"), que por la influencia de la palabra "parlare" indicaba el lugar donde se celebraban las discusiones públicas.

Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que ha estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces qué?

En la presentación de El Último Explorador en el Museo del Estanquillo, José Gordon retomó la flor de Coleridge para hablar sobre este espacio de la posibilidad que abren los libros de Alberto Chimal, el lugar donde OTRO mundo es posible, donde la literatura abre espacios para la evocación en un mundo donde las posibilidades y los sueños son tejidos, generalmente, de formas mediocres.

El último explorador presenta diez historias de un personaje inusitado: Horacio Kustos, “el aventurero que tuvo el infortunio de nacer tarde en los siglos”. En otra época podría haber sido un Magallanes o un Capitán Cook: ¿qué hacer en el siglo XXI, cuando la Tierra entera está cartografiada y descubierta? La solución de Kustos, quien puede ser un loco, o un visionario, o meramente un contador de cuentos, es ir más allá de los mapas: sus notas de viaje y las historias que cuenta describen toda clase de maravillas y lugares extraños, desde un hotel escondido bajo el agua hasta el segundo Polo Sur, desde la proverbial región misteriosa del Tíbet hasta la ciudad de T (de la que Juan José Arreola escribió en un cuento clásico). Mientras se embarca en sus viajes, o en la tarea ingrata de involucrar en ellos a los incrédulos habitantes de nuestro tiempo, también conoce a toda clase de personajes extraños, desde asesinos reptantes hasta el hombre que logró levantar de nuevo (aunque en otra ciudad) las Torre Gemelas…

De esta manera, Chimal nos ofrece en El Último Explorador de un libro fenomenal. Divido en dos secciones: Las Aventuras, y Los Enemigos, la primera se encarga de situarnos en el universo de Horacio Kustos, personaje que se encarga de explorar los últimos enigmas que aún alberga el universo: las anástrofes (contrarias a las catástrofes), la transmigración de las almas entre especies, los hoteles imposibles, así como el misterio de la Trinidad llevado a la N potencia.

La segunda, por el contrario, narra el encuentro de Kustos con enemigos cuyas intenciones no se vislumbran del todo, pero que recurrentemente son vencidos gracias a la intervención de una extraña. El mayor mérito de esta parte es la manera en la que Chimal teje la historia a partir de dos líneas temporales completamente diferentes.

Fiel a su tradición, Chimal retoma la premisa de la que hablara Borges al comentar sobre Wells:

Wells, en esa novela (Time Machine), continúa y reforma una antiquísima tradición literaria: la previsión de hechos futuros. Isaías ve la desolación de Babilonia y la restauración de Israel; Eneas, el destino militar de su posteridad, los romanos; la profetisa de la Edda Saemundi, la vuelta de los dioses que, después de la cíclica batalla en que nuestra tierra perecerá, descubrirán, tiradas en el pasto de una nueva pradera, las piezas de ajedrez con que antes jugaron… El protagonista de Wells, a diferencia de tales espectadores proféticos, viaja físicamente al porvenir. Vuelve rendido, polvoriento y maltrecho; vuelve de una remota humanidad que se ha bifurcado en especies que se odian (los ociosos eloi, que habitan en palacios dilapidados y en ruinosos jardines; los subterráneos y nictálopes morlocks, que se alimentan de los primeros); vuelve con las sienes encanecidas y trae del porvenir una flor marchita. Tal es la segunda versión de la imagen de Coleridge. Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún.

Podríamos decir que la flor de Chimal es una cuarta flor, donde el pasado y el futuro alteran el presente a través de una mujer, y donde las líneas temporales responden a una lógica distinta a la de los antecesores que cita Borges. Claro está, como él mismo diría, que si es válida la doctrina de que todos los autores son un autor, tales hechos son insignificantes.

Como última anotación, vale la pena destacar la figura de Horacio Kustos, personaje cuya saga seguramente dará para más, y figura con la que el mismo Chimal se ha puesto a dialogar, una especie de metapersonaje al estilo de Pessoa (Alberto Caeiro, Ricardo Reis o Álvaro de Campos) que nos remiten a esta idea del individuo como multiplicidad sin contornos, como el mismo NOS nos cuenta dentro del libro.

2 comments on “El Último Explorador – Alberto Chimal

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