Velador de noche, soñador de día – Luis Eduardo Rivera

Textículo: Un diario es siempre polimórfico, un género apátrida de la literatura, una especie de no man’s land del espíritu.

Luis Eduardo Rivera

That was the end of the first part of Paris. Paris was never to be the same again although it was always Paris and you changed as it changed… There is never any ending to Paris and the memory of each person who has lived in it differs from that of any other. We always returned to it no matter who we were or how it was changed or with what difficulties, or ease, it could be reached. Paris was always worth it and you received return for whatever you brought to it. But this is how Paris was in the early days when we were very poor and very happy.

Ernest Hemingway

Luis Eduardo Rivera apunta algo en contraposición a Hemingway: para un latinoamericano, París no te cambia nada, uno sigue con la marginalidad, la timidez y el complejo de culpa de siempre. Este autor guatemalteco lleva en Velador de noche soñador de día el retrato de uno más que llega a buscar lo inasible: el amor, una novela magnífica, el eco de una vida que antecedió Cortázar. La manera más honesta para Rivera es articularlo a través de un diario. Su gran logro: el humor. Su nota más honesta: todo lo que se escriba sobre París, ira fincado inevitablemente en nuestra tradición (Darío, Vallejo, Cortázar). Difícil agregar algo más al retrato metafísico y existencialista de Rayuela. Lo que queda, entonces, es la nota risible de un hombre tímido y agudo, de un velador en un hotel de segunda que sueña con que la literatura cristalice entre la realidad y su lenguaje.

Difícil tarea. La novela -si es que nos atenemos a esa tenaza formal de los géneros- es amena, agradable, y apuntala su diferencia de los modelos antes mencionados a partir de la contraposición cultural, del anclaje al terruño en un lugar ajeno, del fracaso en vivir un sueño.

Rivera, considerado después de la publicación de la novela (1988) como figura clave entre las nuevas voces guatemaltecas, ganó notoriedad y visibilidad ante la crítica por las características lingüísticas y narrativas de su obra. La fragmentación, ese legado que vivimos a partir de las vanguardias, toma voz en la figura de un diario falso que un supuesto editor ha seleccionado para nosotros. “Prosa amalgamada con un curioso y ecléctico compendio de anécdotas, teoría literaria, cuadros de costumbres, ensayos, etcétera; (…) la catalogan como novela poética, propia de un poeta”. Territorios de la Mancha: versiones y subversiones.

Hay otra ficción, una elipsis que se teje arriba de nosotros sin que lo percibamos: la relación de Tato, el autor del diario, con el editor que incluso escribe el prólogo para nosotros. A lo Cervantes, leemos que el editor no puede ser otro más que alguien secundario, contrapuesto a su amigo Raúl, que abandona París harto y a quien el narrador le dedica más de un par de líneas a lo largo de la novela.

Como nota adicional, se dice que Rivera tuvo la idea de esta novela a partir de un recorrido que hizo por París, intentando emular los devaneos de Oliveira y la Maga. Como sea, esta novela es harto recomendable y difícil de conseguir en un mercado editorial que -desgraciadamente- funciona a los caprichos del mal gusto del lector. Qué se le va a hacer.

Para una entrevista con Luis Eduardo Rivera, vean aquí.

Otras dos novelas importantes sobre París: Hemingway y Vila-Matas.

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