Last Updated on: 27th septiembre 2026, 12:30 am
Pájaros en la boca es el segundo libro de cuentos de Samanta Schweblin (Argentina, 1978), publicado por primera vez en 2009, aunque fue hasta 2018 que se editó esta versión de Almadía en México. En él, la escritora argentina mezcla anécdotas inusuales con recursos poderosos: en “El Hombre Sirena”, por ejemplo, lo que pudiera ser leído como un cuento fantástico, gira rápidamente hacia el realismo a partir de un par de detalles en la conversación; en “Bajo Tierra”, el desapego de un narrador en tercera persona enfatiza el horror del cierre de la historia.
En adición a esto, destaca la transición continua entre el realismo, lo fantástico y lo raro, decisión que dota al libro de dinamismo y sorpresa. Entre lo señalable, quizás, esté cierta preferencia por la atmósfera y la anécdota, incluso por encima de cualquier efecto —pienso, por ejemplo, en el cuento que le da título al libro: una anécdota ominosa genera apenas dudas y un malestar sutil en el narrador.
–Comés pájaros, Sara –dije. –Sí, papá. Se mordió los labios, avergonzada, y dijo: –Vos también. –Comés pájaros vivos, Sara. –Sí, papá. Pensé en qué se sentiría tragar algo caliente y en movimiento, algo lleno de plumas y patas en la boca, y me tapé con la mano, como hacía Silvia.
¿Ante qué nos enfrentamos? ¿Una metáfora? ¿Una posibilidad? Geney Beltrán, en una reseña de 2011, señala que «los personajes (…) de la autora determinan entregarse a la resignación apenas se descubren inmersos en rupturas de la lógica». Quizás. Habríamos de preguntarnos, sin embargo, si este punto de vista no resulta un tanto anquilosado, es decir, si es verdad que la literatura representa un cambio en tanto sus personajes transitan siempre de un punto A a un punto B; que en una historia necesita tener una conclusión; que no hay cuento corto sin knock-out —algo me hace sospechar que no es así, ya no, o quizás nunca lo fue. En todo caso, la literatura aquí presente trasciende cualquiera de estas notas al pie: parafraseando el cierre de uno de los cuentos, «la literatura es suya, usted no puede cavar».
La discusión sobre el cierre no es solo mía. Ángel Berlanga, en Página/12, ubicaba la fuerza del libro justamente ahí: en «el modo en que planta una intriga y la deja crecer y la conduce hacia desenlaces tan imaginativos como sorprendentes, o a veces engañosamente naturales». La propia Schweblin, entrevistada por Silvina Friera en el mismo diario, decía que «el libro de cuentos tiene más posibilidades de aniquilarte». Es decir: la autora quiere el knock-out. Pareciera que en el cuento que da título al libro gana la segunda variante de Berlanga: lo engañosamente natural, el malestar que no cierra.
Pueden leer uno de los cuentos de este libro en este link y una entrevista con la autora aquí. Recuerden, además, escuchar nuestro podcast, ahora en su tercera temporada.
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