Ojerosa y Pintada – Agustín Yañez

ojerosa y pintadaQue Agustín Yañez es un escritor mexicano subvaluado a nadie sorprende, y sin embargo tampoco moviliza ningún intento por situarlo en un mejor lugar entre las letras mexicanas. La frase de Bretón “Mexico is the most surrealist country in the world” pareció privilegiar después de Rulfo a la escuela real-mágica. Y después el boom, que como señala Ángel Rama, resulta “una empresa un poco frívola, superficial. Ha tendido a cerrar el campo en vez de abrirlo… se ha insistido sobre unos pocos nombres, con desmérito de otros que son muy importantes y que rodean todo el proceso”. En ese limbo termina Yañez. Su obra, posterior a la Revolución, rescata el retrato de un México que en el siglo XXI se nos está yendo de las manos, un México sumido en la misma estampa de hartazgo y desigualdad. Así, “Ojerosa y Pintada” es una novela polifónica, caleidoscopio de la sociedad defeña a mediados de los 50, visto a través de los ojos de un taxista cuya radiografía es espejo de uno de sus pasajeros, un loco/filósofo que analiza la ciudad a través de observar sus desechos. Sorprende la prosa desapegada, elegante y exacta, con intención estética.

Lamentablemente, es una novela que no se edita más, y que seguramente no entra dentro del currículo literario mexicano. Para qué, si tenemos al parisino Carlos Fuentes, o al recién fallecido Monsivais. Para qué, si tenemos a la sexy Poniatowska con el sol del PRD en la espalda, o a Velasco materializando los sueños del escritor rockero sumido en su supuesto exceso.

Que la obra de Yañez es vital en la transformación de la novela hispanoamericana contemporánea (Domínguez Michael, Christopher Op.cit. p.1125) no sorprende, pero tampoco moviliza a nadie a buscar sus novelas en los estantes de cualquier librería. Si ustedes, por fortuna o curiosidad lo hacen, lo encontrarán en el último rincón del alfabeto, como pilar de un México que debemos recordar.

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