La memoria y la piedra – Juan Luis Panero

Ah, el poeta, ese demiurgo del lenguaje. Huidobro: el poeta es un pequeño dios. Dios por destino: ser hijo de un poeta, hermano de otro que compone versos entre el manicomio y la calle. Oficio no; vocación, destino. Carlyle, en su conferencia de 1840 sobre el “Poeta como héroe”, retoma los casos de Dante y Shakespeare para decir:

El poeta es figura heroica propia de todas las épocas, que todas poseen, que pueden producir, ayer como hoy, que surgirá cuando plazca a la Naturaleza. Si la Naturaleza produce un Alma Heroica siempre podrá revestir la forma de Poeta.

El alma, entonces, revestida del dominio del lenguaje, pero también, de todas sus posibilidades:

El Poeta capaz sólo de tomar la pluma y componer versos, nunca ejecutará un verso que valga mucho. No puede cantar al Heroico guerrero si él no es también un guerrero heroico. El carácter del Gran Hombre es el fundamental; que sea grande.

Veo los poemas de Juan Luis Panero y no puedo sino pensar en esta alma grande que vivió en México de 1970 a 1979. Largas e intensas temporadas en México, como describe, permitieron gestar en sus versos la belleza de la nostalgia y lo perdido:

Cómo puede ser verdad tanta belleza
y emocionarme así,
con el antiguo estupor con que ahora llega
esta luz implacable que me ciega.

El asombro, el extrañamiento. Vivir en el punto exacto donde lo hermoso y cotidiano confluyen, ambos en punto de fuga hacia la nada:

La luz del sol sobre los muros,
la resaca, las voces que te cercan,
los árboles que al fondo se dibujan,
los recuerdos que secan más tu boca,
el implacable escenario de tu herencia.

Muchos de los personajes de Bolaño son poetas. ¿Por qué? Villoro explica: Roberto Bolaño concilió la épica con la poesía, convirtiendo al poeta en el centro de sus historias: el héroe, el villano, el vigía insomne, el detective salvaje, el ladrón del fuego. Calcinarse en su propia luz fue el destino de sus poetas narrativos.

Imagen de juventud y aparente felicidad
o, por lo menos, de irresponsable alegría,
que regresa terca a la memoria,
aún recordando que casi todo fue mentira.
Ni viejos, ni jóvenes, pero sabiendo
que engañarnos, que repetir la farsa, era lo único, 
lo más digno que quedaba de nosotros.

No hay mucho más que añadir. Todos somos poetas cuando leemos bien un poema, dice Carlyle. Ustedes pueden leer este:

AUTOBIOGRAFÍA

Una casa vacía, otra derrumbada,
un niño muerto al que le cuentan cuentos,
despedidos fantasmas que se desvanecen,
ceniza y hueso, piedras derrotadas.
Cuartos alquilados, repetidos espacios fugaces,
las huellas de los cuerpos en las sábanas,
una pesada resaca sin destino,
voces que nadie escucha, imágenes de sueños.
Innecesarias páginas, gaviotas en la ventana,
mar o desierto, blancos despojos,
signos y rostros en la pared de la memoria.
Sucias pupilas de sol en México, tercos
los ojos redondos de la calavera
contemplan pasado, presente, futuro,
sombras tenaces, metáforas gastadas.
Miro sin ver lo que ya he visto,
humo disforme que se esfuma,
invisible mortaja bajo nubes fugaces.
Humo en la noche y la nada instantánea.

Algunos otros poemas de Juan Luis Panero aquí y acá.

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