Bestias afuera – Fabián Martínez Siccardi

bestia

Los fantasmas existen: son la memoria y las culpas. En este sentido, Bestias afuera, novela ganadora del Premio Clarín de Novela 2013, es una historia de fantasmas, de esos que concentran nuestras angustias sobre el pasado o el futuro. Florián, el protagonista de la historia, un estudiante de agronomía decidido a hacer una investigación sobre un virus entre las plantas de ajo que se transmite a través de un insecto, llega a la Guillermina, una finca en medio de la pampa argentina, después del funeral de su abuelo.

Antes de llegar un accidente menor anticipa las consecuencias: lo que empieza mal, termina mal.

La cubierta explotó con un estruendo que hizo que Atila bajara las orejas y se escondiera debajo del asiento. Apagué el motor, dejé que el auto rodara hasta el final de la pendiente y me quedé sentado unos instantes para recuperar la calma.

Atila es el perro que acompaña al protagonista en su aventura, animal que antes fue de su abuelo, una figura obscura y machista que llenó de inquina la vida del protagonista. Al llegar a la Guillermina la mujer que atiende la finca señala al perro y le prohibe la entrada.

–Las bestias afuera –la mujer me miró, sacudiendo un manojo de llaves.
–Es muy manso.
–Los perros no entran en la casa.
–¿Dónde están los otros perros? –pregunté.
–¿Qué otros?

La orden de la mujer funciona como advertencia. El misterio se descubre pocas páginas después y es, en cierto sentido, burdo: un tal Teodosio, empleado de la finca encargado de mantener a los animales salvajes lejos de ésta, desapareció en la sierra y solo encontraron su ropa despedazada y cubierta de sangre. La reputación de ciertos horrores precede su nombre.

A partir de ese momento Martínez Siccardi construye una atmósfera en la que la imagen de Teodosio persigue a Florián. La duda se mantiene hasta el desenlace, no sin antes hacer que el protagonista cruce un par de situaciones climáticas como la inundación en la Guillermina o la desaparición de Atila. La manera en la que dotamos de sentido el mundo es una reflexión que se teje en el subtexto: a medida que avanza la trama, el protagonista va dando detalles de la relación con su abuelo, recuerdos que ha llevado como equipaje a la finca y que intervienen en su contacto con la realidad. Somos el cúmulo de experiencias que hemos vivido.

El desenlace que propone Martínez Siccardi es positivo: el protagonista logra vencer sus miedos y el acto del incendio funciona como catarsis. Bestias afuera es una novela, entonces, sobre los fantasmas interiorizados. Sobre la génesis de la novela, Fabián comenta:

Sentí el deseo de reproducir de alguna manera la literatura que más me había impresionado: en este caso, Otra vuelta de tuerca de Henry James. Una obra perfecta por la increíble potencia de la subjetividad del personaje que está narrando. Cuando la leí por primera vez entendí que los fantasmas existen, pero en lecturas sucesivas a lo largo del tiempo fui entendiendo otras cosas, ligadas a la subjetividad. ¿Cómo se hace eso?, me pregunté. ¿Cómo funcionaría una historia de ese tipo en un contexto rural argentino? Estudié a fondo la novela gótica, sus elementos, el cuarto cerrado donde hay algo que no se sabe exactamente qué es, y el absoluto aislamiento del exterior. Me puse a escribir y cuando llegué al segundo capítulo, apareció un fantasma, pero uno muy personal. Lo que siguió fue un ejercicio para exorcizarlo. De esa manera, lo que había arrancado como una novela de género se transformó en una otra con una carga mucho más personal.

La prosa de Fabián es exacta y pulcra, con algunas imágenes memorables. Como aparato, las descripciones y los flash backs sirven para desacelerar la acción, misma que, en realidad, sucede en el transcurso de un par de días. La novela es breve y no exige demasiado, pero es una buena opción del conjunto de novedades que genera títulos y olvidos por igual. Para una reseña nada positiva, revisen este blog.

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