Apuntes de la vida cotidiana no. 090614

multiverses copia

1.

Empieza “El perseguidor” con Apocalipsis 2:10:

9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.

Pero esa fidelidad a la que se refieren ambos textos es una cosa muy distinta. ¿A qué hay que ser fiel, entonces? ¿A Dios? ¿A nosotros mismos? ¿A nuestra pareja? ¿A nuestro equipo de futbol? ¿A nuestras marcas de auto o zapatillas? ¿A todas estas cosas?

¿Por qué no podré hacer como él, por qué no podré tirarme de cabeza contra la pared? Antepongo minuciosamente las palabras a la realidad que pretenden describirme, me escudo en consideraciones y sospechas que no son más que una estúpida dialéctica. Me parece comprender por qué la plegaria reclama instintivamente el caer de rodillas. El cambio de posición es el símbolo de un cambio en la voz, en lo que la voz va a articular, en lo articulado mismo. Cuando llego al punto de atisbar ese cambio, las cosas que hasta un segundo antes me habían parecido arbitrarias se llenan de sentido profundo, se simplifican extraordinariamente y al mismo tiempo se ahondan. Ni Marcel ni Art se han dado cuenta ayer de que Johnny no estaba loco cuando se sacó los zapatos en la sala de grabación. Johnny necesitaba en ese instante tocar el suelo con su piel, atarse a la tierra de la que su música era una confirmación y no una fuga. Porque también siento esto en Johnny, y es que no huye de nada, no se droga para huir como la mayoría de los viciosos, no toca el saxo para agazaparse detrás de un foso de música, no se pasa semanas encerrado en las clínicas psiquiátricas para sentirse al abrigo de las presiones que es incapaz de soportar.

A la mayoría de nosotros la vida nos sucede, ¿por qué no podemos tirarnos de cabeza contra la pared?

2.

Vivir, pero soñar otra vida, soñar que es posible tener otras cosas, que es posible estar solo, que no necesitamos Facebook o un buscador nos diga qué leer. Creer que es posible ver lo que otros ven y sentir lo que otros sienten. Empujar por una vida más grande que la vida, una que no escape de nada ni pase los años encerrada en el guión de cosas que supuestamente deben suceder. De lo que sumen los minutos probablemente se pueblen mundos y quimeras, mitologías personales a las cuales llamar recuerdos.

3.

Siempre deseé ser muchas personas y ser de muchos lugares al mismo tiempo, pues ser sólo una me parecía muy poco. A esto seré fiel hasta la muerte.

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