Apuntes de la vida cotidiana 140113

Feliz año. No he escrito con regularidad porque salí de viaje y luego me mudé, y bueno, que no tengo Internet y que ha sido un lío estos 14 días del año y sé que usted, recurrente lector de este blog, estaba preocupado y deseaba tener noticias urgentes de todo esto. O tal vez no. Da igual.

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Colegas de profesión discuten las implicaciones para “la marca” (ese ente difuso, casi divino, que existe en un lugar incomprensible y del que nosotros, mercadólogos conscientes y responsables dispuestos a aportar nuestro granito de arena a la maquinaria que hace funcionar al mundo y que permite que podamos, por ejemplo, pagar el Internet para actualizar nuestros respectivos blogs y estatus en Facebook) ante el hecho de que un hacker robó la contraseña de una página en Facebook de alimento para perros y puso en la imagen de portada: ¡porno! Dios bendito. Todos debaten las implicaciones para “la marca” y lo bien que respondieron los fans y los mecanismos de respuesta, todos y cada uno de ellos le dan vueltas al tema y explican sus puntos de vista y la imagen de esa penetración está ahí, en medio de todos nosotros, y nadie -ni yo- somos capaces de hacer un comentario alrededor de ella -la imagen- porque claro, sería mal visto, un dejo de inmadurez o falta de profesionalismo, es cierto, pero yo esperaría que alguno, o dos, una mujer, alguien, pensara más allá del tópico, y se clavaran, meditaran en ese momento, en las implicaciones de la pose y la comida para perros, en el gesto, en todo eso que nos hace humanos y nos ancla en un mundo donde los granos de arena se los lleva el viento y más valen 15 minutos de cielo que una carrera de lunes a viernes de 9 a 6 durante los ¿30? ¿40? años que nos restan. Algún ser humano, entre nosotros. Pero no hay nada.

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Tengo 4 libros por reseñar para usted, amante de las letras. Los títulos son: Si te dicen que caí, de Juan Marsé; Adolfo, de Benjamin Constant; La vida ordenada, de Fabio Morábito; y otro que ya no me acuerdo (poco memorable, obviamente).

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Es difícil -y cansado- pensar. Lo peor: a nadie le importa. Me explico: mejor no. Estoy cansado.

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