Una sombra ya pronto serás – Osvaldo Soriano

una sombra ya pronto serasHay tantos escritores argentinos buenos, que es difícil conocerlos a todos. Osvaldo Soriano es uno de ellos, eclipsado por la fama mítica de un Lugones, Borges, Cortázar, Piglia, por mencionar a los obvios. Guillermo Saccomanno presenta la novela como “la más triste que se escribió en Argentina desde fines de los 80 (…) ya que anunciaba como diagnóstico el porvenir de una sociedad que se soñaba de clase media, rubia, educada, de Primer Mundo”.

Reflexión de la identidad argentina con claras influencias del teatro del absurdo (los protagonistas no dejan de recordarnos a Mercier y Camier, a Vladimir y Estragon), Una sombra ya pronto serás es una novela espectacular que, sin embargo, no nos lleva a ninguna parte, ya que no se le puede pedir a la literatura más que lo que la vida misma ofrece.

Los protagonistas ahora están más cerca de los canallitas y la piolada mezquina que de aquellos perdedores simpáticos que conseguían con un gesto la complicidad inmediata.

Road novel, viaje circular alrededor de parajes inmutables. Proyectos destinados al fracaso, y aún así realizados. Hambre. Ausencias. Remordimientos. Exilios. De esto trata la novela. Los pequeños detalles son mejor apreciables para el lector argentino, que puede buscar en las frases y en las situaciones el retrato de su nación, pero para el lector extranjero no deja de evocar la persistencia de la derrota -que es, en el fondo, el corazón de la literatura-.

Como lectura paralela, la novela nos evoca a cada instante la impresión de que los personajes están en el purgatorio:

-¿Hace mucho que no pasa nadie?- le pregunté.
-Eso le venía preguntando, dragoneante; si vio a la infantería.
-No vi nada, no. ¿Lo abandonaron?
-En una de ésas los dispersaron, no sé. Un día nos despertamos y no estaban más.
-¿Hace mucho de eso?
-Bastante. Yo todavía era capitán, así que calcule.

Y más adelante:

Caminé toda la noche y cuando por fin empezó a clarear distinguí los contornos de un tren muy largo que asomaba en un desvío del ramal. La señal de partida estaba baja y el semáforo en verde pero no vi a nadie en la locomotora y los vagones tenían las cortinas bajas. Apagué el farol y fui a ver si el maquinista estaba durmiendo. Antes de subir golpeé las manos pero no tuve respuesta, y en la cabina sólo encontré unas cuantas langostas muertas y una hoja de ruta abrochada en el tablero. La partida estaba prevista para las ocho pero no decía de qué día ni yo sabía en qué fecha estábamos.

La vida, ese extraño inasible. Soriano mismo la describe en un momento:

Estaba trabajando en una historia sobre un espía argentino en París a principios de siglo cuando un día, cruzando la calle, tuve la visión de un tipo haciendo dedo al costado de una ruta desierta. Supe que era ingeniero en informática, un científico que podría ser útil para un país en crecimiento. Y que sus desventuras debían transcurrir, en medio del ajuste menemista, en esa Argentina que cae en todas las trampas de la historia, que sufre a todos los gobiernos después de creer en todas las promesas.

Como nota adicional, la novela fue adaptada por el propio Soriano para el cine en 1994. Dejo a continuación un fragmento:

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