Los Ingrávidos – Valeria Luiselli

El presente libro no le hace justicia al anterior, aunque cada quien debe formarse sus propios juicios. Me explico: Los ingrávidos es una novela sobre una mujer que relata sus años en Nueva York. Esto sirve como pretexto para incluir tres líneas temporales: los años de juventud en el que la protagonista falsifica un libro de Gilberto Owen; el momento en el que ella, años después, escribe esa novela -casada, pero con un matrimonio poco satisfactorio-; y el propio momento en el que Owen, en los años 20, vivía en Nueva York en medio del renacimiento de Harlem  y la bohemia neoyorkina.

Los cruces entre los tres momentos discurren entre la frontera de presente y pasado, ficción y realidad (la escritura como artificio), espacio físico y espacio imaginado. Luiselli, sin embargo, hace demasiado evidente su recurso, como si a propósito de enunciarlo fuera más sencillo por parte del lector aceptarlo:

Las novelas son de largo aliento. Eso quieren los novelistas. Nadie sabe exactamente lo que significa pero todos dicen: largo aliento. Yo tengo una bebé y un niño mediano. No me dejan respirar. Todo lo que escribo es -tiene que ser- de corto aliento. Poco aire.

Esta idea se repite y justifica la construcción del texto. La novela corta vino a salvar el status de la literatura: nuestra generación, ávido de lo inmediato, detesta las grandes construcciones. Los Ingrávidos funciona como piezas de lego: se van uniendo hasta formar un todo, coherente, que responde bien a sus propias reglas, pero que sufre, sin embargo, de las debilidades implícitas de su género: imágenes inmediatas, fragmentación, falta de profundidad.

Más allá de esto, me gusta la premisa: las ausencias duelen, el síndrome del miembro fantasma cuya extensión es una fantasmagoría que se puede convertir en realidad. Por eso el personaje de Luiselli escribe. Otro punto a favor: lo bien narrados que están ciertos fragmentos, sobre todo aquellos en los que Owen lleva la voz. Es un personaje cómico, trágico, que lamentablemente cobra voz hasta la mitad de la novela, con un crescendo que, a través de una conexión un tanto burda, une los distintos extremos del universo de la novela en un lugar previsible.

En una reseña de El País, el columnista apunta:

No sé si se deberá a la articulación en dos voces y tres tiempos, a la precipitación de la trama o a la insistencia metaliteraria y los gestos rupturistas, pero para zanjar la novela se fuerzan varios cataclismos simultáneos, lo que confirma la novela como más interesante que lograda, pese a la prosa estupenda y las justas ambiciones de Luiselli.

Estoy de acuerdo. Me parece que Papeles Falsos, publicado el año anterior, es un mejor testimonio del talento de Luiselli. A sus 28 años, todavía nos falta ver de lo que esta autora es capaz, por lo que les recomiendo mantener su nombre en su mapa de lecturas literarias.

Para ahondar en la perspectiva del autor sobre su propia obra, chequen la entrevista que le hizo Gandhi al respecto.

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