La mujer zurda – Peter Handke

la mujer zurda

Me acuerdo sólo del momento en el que el entrevistador le decía a uno: “Cuénteme una historia sobre la soledad”, y cómo a continuación el otro lo único que hacía era estar allí sin decir nada.

la mujer zurda libroLa mujer zurda de Peter Handke tiene un colofón de Las afinidades electivas de Goethe:

Así, todos juntos, cada uno a su manera, siguen viviendo la vida cotidiana, con o sin reflexión; todo parece seguir su curso habitual, del mismo modo que, incluso en los casos extremos en los que todo está en juego, se sigue viviendo como si no pasara nada.

Como epígrafe, la cita funcionaría como explicación y antesala de la novela: Marianne decide separarse de su esposo y le pide que se vaya de la casa justo el día que él regresa de un viaje de trabajo. Ambos tiene un hijo, Stefan, un niño entre los ocho y los diez años. Cuando Bruno, el esposo de la mujer, se va de la casa, el resto transcurre entre los accidentes de soledad que van apareciendo dentro de la cotidianidad:

El niño, detrás de su tebeo, y la mujer intercambiaron miradas. Franziska preguntó:
–¿Y qué vas a hacer ahora, sola?
La mujer:
–Estar sentada en la habitación y no saber qué hacer.

O:

La mujer cerró la puerta detrás de él y se quedó allí. Oyó el ruido del coche que salía; se fue al perchero que estaba junto a la puerta y metió la cabeza por entre las prendas que colgaban allí. En la penumbra, la mujer, sin encender la luz, estaba sentada ante el televisor, que tenía un canal suplementario para observar el parque infantil de la urbanización. Miraba la imagen muda, en blanco y negro, en la que en aquel momento precisamente su hijo se estaba balanceando sobre el tronco de un árbol, mientras su amigo, el gordo, se caía una y otra vez al suelo; aparte de ellos no había nadie en aquel lugar solitario. Los ojos de la mujer brillaban por las lágrimas.

Hay entre Franziska, Bruno y Marianne una relación malsana. La novela no lo dice, pero se intuye algún tipo de infidelidad por parte de Bruno. La brutalidad de su carácter asoma a momentos –”Stefan, te voy a enseñar cómo hago para darle miedo a la gente que viene a verme a la oficina” o “Dices ‘el niño’ ¡como si para mí ya no pudiera tener nombre! ¡Tú siempre tan sensata! ¡Vosotras, las mujeres, con vuestra mezquina sensatez!”–. Hay algo entre líneas, algo que el lector tiene que reconstruir en la línea de conversaciones y situaciones que Handke nos presenta. Su tono lánguido, sus párrafos cinematográficos sin duda crean una atmósfera distinta a lo que estamos acostumbrados –algo que Elfriede Jelinek ha llevado a la maestría–.

El desenlace no tiene nada de sorprendente, el catalizador que abre la novela es el pase de acceso a una ventana que mira a la soledad. Las interpretaciones pueden ser varias: desde la reconciliación con uno mismo, hasta un estudio sobre la emancipación de la mujer. La mujer zurda es un retrato de ésta en una Europa que no conocemos, de noches a veces más largas que el día y donde la comunicación entre las personas es un misterio, una membrana entre las personas que lucha por romperse, sin éxito:

La mujer preguntó:
–¿Estás contento, padre?
El padre dijo que no con la cabeza y, como si este gesto no fuese suficiente como respuesta, dijo:
–No.
La mujer:
–¿Tienes alguna idea de cómo se podría vivir?
El padre:
–Ah, no empieces.

Die linkshändige Frau, por su nombre en alemán, se escribió en 1976 y fue originalmente concebida como el guión de una película:

Se ha dicho que el título proviene de una canción de Jimmy Reed, cantante de blues en Estados Unidos, pero esto no es cierto. Para ahondar más al respecto, pueden leer un paper de la novela en este sitio.

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