Hora y 20 – Carlos Pellicer

En 1925, a instancias del filósofo argentino José Ingenieros, Carlos Pellicer emprendió un largo viaje a Europa “comisionado para estudiar la organización de museos”, según rezaba el nombramiento que le extendió la Secretaría de Educación Pública. Con París como centro de operaciones, los recorridos del poeta pronto rebasaron las fronteras europeas, llegando hasta Medio Oriente. De estas incursiones dan cuenta los poemas en Hora y 20, publicado en París en el invierno de 1927.

Desos días
me quedó el corazón nuevo y humilde
lento el pensar y los brazos cargados

Contemporáneo de López Velarde, a Pellicer se le asocia con la “fiesta de los sentidos y las emociones” (Castro Leal, 1968):

Vuelvo a encender la luna de tu amor
sobre mis labios trágicos,
y sembraré en las noches sutiles de tu ausencia
el trigo de mi canto
al ritmo del recuerdo de tus manos.

La mejor definición de Carlos Pellicar la da Octavio Paz: “Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin”.

En las horas
en que el paisaje se vacía
-todo se lo han llevado las nubes-,
los objetos de familia,
las palabras íntimas.
En una soledad de todas las cosas,
ciego, mudo, sólo me quedan unos cuantos dedos
para tocar las piedras y las rosas
que tú tocaste
o que solamente rozó el viento
de suave gloria que te trajo.
En la desaparición del panorama que fueron mis ojos;
en la interrupción del viaje de música
que fueron mis oídos;
en la pérdida de todo idioma
(acaso por una bagatela de ortografía),
me rodean las horas
sin tiempo y sin clima
para entregarme
el tacto de las piedras y las rosas
que tus pies y tus manos
tocaron
o que apenas rozó el viento
de suave gloria que te trajo.
Tu ausencia ha dejado sobre las piedras
una florecita que tal vez es negra.
Y en la vida
de la piedra y la flor tras de tu sombra,
mis manos ven y oyen y graban un signo
que compendia todas las cosas.
En las horas
en que se perpetúan los instantes
de tu ausencia presente de paloma.

Para más poemas de Pellicer, chequen acá. El libro está disponible en El Equilibrista. Y escuchen el poema anterior recitado por el propio Pellicer.

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