El Pentágono – Antonio Di Benedetto

La premisa es la siguiente:

No puede saberse si es verdad. Cuentan que él se enamoró de una muchacha, de menos años y más fina, con apellido, muy inclinada al baile. Pero como él no tenía más que cultura, y eso ni siquiera hermosea el cuerpo de un hombre, fue sensato y no intentó nada. De esta manera, claro, no enmudecía la vocecita, esa vocecita que hace sufrir.

Como las cosas no podían quedar así, tuvo que buscarse una solución. Y esta solución fue burlarse de sí mismo, darse argumentos, suponer que si se casaba con ella, irremisiblemente sería burlado. Para que el remedio no quedara en el mortero, sacaba todo eso del cerebro y lo ponía en relatos, cuentos, los primeros de su pluma que le parecieron viables.

Todo andaba más o menos bien, pese a que la vocecita no expiró. Sus cuentos se difundieron, dándole alguna famita de literato. Precisamente por tal divulgación sintió que se salvaba, porque si algo sucedía entre ella y él, retratados sin tapujos en los cuentos, la gente pensaría y, en consecuencia, las sonrisas insoportables…

Así abre Di Benedetto su obra El Pentágono, donde el sujeto principal es parte de dos triángulos amorosos (entre la mujer que describe en la introducción, y su esposa, quien tiene un amante), gestionando a partir de esta figura una serie de diálogos y situaciones entre los personajes del pentágono, a partir de la forma del relato.

Las distintas versiones llevan a la certeza de que en esta larga historia, aparte del indiscutible indicio del pentágono, existe un fondo auténtico.

Además de la introducción, son 17 cuentos los que conforman la obra, que como bien menciona el prólogo, es un constante asedio a la forma. Publicada en principio en 1955, atrajo la atención precisamente por la complejidad que plantea. Sin embargo, aunque la complejidad puede ser un gancho de interés, el conflicto planteado inicialmente apenas se resuelve, difuminado entre la duda de lo real y lo imaginado, la elevación de la historia al artificio literario (puesto sobre la mesa en un inicio) hace que se diluyan los bordes entre las historias planteadas. Al final, después de un juicio donde pierde contra su esposa y su amante, nuestro personaje toma el auto para encontrarse finalmente con su único amor.

La obra, así, está en un continuo acto de inseguridad. No existe certeza al lector, ni siquiera de las voces narrativas. El acto, entonces, se vuelve cansado, repetitivo. El esfuerzo de concentración se torna al doble. Hay una elipsis que se va formando (quizá el factor más logrado de la novela), pero el lector tiene que ir y regresar, volver, especular, escribir su propio Pentágono porque el original tiene tantos huecos, que se va de las manos.

Hasta ahí mi apreciación. Sobre Di Benedetto, sin embargo, encontré una historia maravillosa, que al leerla me ha dejado la piel chinita:

Durante la última dictadura cívico-militar argentina fue perseguido, apresado el 24 de marzo de 1976 en su despacho del diario Los Andes, encarcelado y torturado (“Creo nunca estaré seguro que fui encarcelado por algo que publiqué. Mi sufrimiento hubiese sido menor si alguna vez me hubieran dicho qué exactamente; pero no lo supe. Esta incertidumbre es la más horrorosas de las torturas”). Sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y numerosas golpizas. Fue excarcelado más de un año después, el 4 de septiembre de 1977, anímicamente destrozado.

Sin poder escribir, porque le rompían todos sus papeles, encontró un ardid. Adelma Petroni, escultora amiga de Di Benedetto, cuenta en una entrevista con la escritora María Esther Vázquez: “Me mandaba cartas donde me decía: ‘Anoche tuve un sueño muy lindo, voy a contártelo’. Y transcribía el texto del cuento con letra microscópica (había que leerla con lupa). Después esos cuentos se editaron bajo el título de Absurdos”.

Como dato interesante, Roberto Bolaño mantuvo una extensa correspondencia con él a comienzos de la década del ochenta y que decantó en el relato Sensini, donde el protagonista es el alter ego de Di Benedetto.

Para conocer más de la obra de Di Benedetto, vean acá.

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